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Poner el autor Copyright © 2012 José Antonio Valenzuela Cervera Todos los derechos reservados. ISBN:

ÍNDICE 1 Añadir escena ................................................................. 1 2 Añadir dialogo ................................................................ 3 3 Quitar el diálogo ............................................................. 4 4 Entresacar el núcleo......................................................... 5 5 Entresacar segundo plano ................................................. 6 6 Entresacar frases descriptivas ............................................ 8 7 Primero y Segundo plano en columnas ...............................10 8 Transpsión de segundo plano a primero .............................13 9 Transponer indefinidos a gerundios ...................................16 10 Transponer indefinidos a infinitivos ..................................18

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1 Añadir la escena Diálogo —Quiero quedarme aquí. —No puedes porque no hay camas y no puedes dormir. —No importa yo no duemo. Puedo quedarme aquí sentado hasta que haya una cama libre. —Pero tienes un golpe en la cabeza. —Ya me lo curará el médico. Me quedo sentado. —Bueno, te dejo mi cama por hoy. —Te lo agradezco mucho. No me encuentro bien. ♦♦♦ Hablan dos amigos a la puerta de un campamento, a Pablo le han dado un golpe, no quiere moverse. Y habla con Antonio, que le deja su cama. Ejercicio: Introduce frases que no sean de diálogo, sino acciones, por ejemplo, como fue el golpe, y también le dijo, le pidió , le ofreció. 1

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Añade una frase para empezar y otra para terminar el suceso y las demás que quieras.

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2 Añadir el diálogo Suceso Elena paseaba y no sabía que decir a Rosa. No encontraba el tema para hablar. Y la calle estaba medio vacía. A la derecha el lago con las zancudas blancas. Tenían amigo comunes, podía preguntarle por alguno. Pasaron por una casa y en la puerta estaba la mujer que les saludó y hablaron de nada un rato y siguieron su camino. ♦♦♦ Ejercicio: Introduce frases de diálogo entre los tres personajes. Emplea el verbo dijo o dijo que, preguntó o comentó, intercalándolos entre las que están en el relato del paseo y sin cambarla o un poquito. Deja la primea y la última frase tal como están.

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3 Quitar el diálogo Suceso Entraron en la tienda de cuadros y antigüedades. —Veo que tiene algunos cuadors antiguos. —Si lo son y están a precios muy ventajosos. —Esta tienda de antigüedades Lleva poco tiempo aquí ¿Verdad’ —Sí, poco y la que había antes la atracaron ladrones y se arruinó. —Pues a lo mejor yo me arruino también. —Y eso. ¿por qué? —Ya ve, este es mi hijo y este su amigo, que me quitó ayer un paquete de pasas. Un robo. —Tedría hambre. —Sería eso o mas bien goloso. Salieron de la tienda sin comprar nada. ♦♦♦ Ejercicio: dejar el diálogo reducido a dos o tres intervenciones nada más y el resto dejarlo como una narración sin él, pero diciendo lo mismo.

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4 Entresacar el núcleo Suceso Agradecióselo mucho Sancho, y, besándole otra vez la mano y la falda de la loriga, le ayudó a subir sobre Rocinante; y él subió sobre su asno y comenzó a seguir a su señor, que, a paso tirado, sin despedirse ni hablar más con las del coche, se entró por un bosque que allí junto estaba. Seguíale Sancho a todo el trote de su jumento, pero caminaba tanto Rocinante que, viéndose quedar atrás, le fue forzoso dar voces a su amo que se aguardase. Hízolo así don Quijote, teniendo las riendas a Rocinante hasta que llegase su cansado escudero ♦♦♦ Ejercicio: separa las frases, en lista, una en cada renglón. Y en esa lista subraya las frases del nucleo

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5 Entresacar segundo plano Suceso En la mañana siguiente, mi padre dictaba y yo escribía, mientras él se afeitaba, operación que nunca interrumpía los trabajos empezados, no obstante, el esmero que en ella gastaba siempre. Su cabellera riza, abundante aún en la parte posterior de la cabeza, y que dejaba inferir cuán hermosos serían los cabellos que llevó en su juventud, le pareció un poco larga. Entreabriendo la puerta que caía al corredor, llamó a mi hermana. —Está en la huerta —-le respondió María desde el costurero de mi madre. — ¿Necesita usted algo? —Ven tú, María —le contestó a tiempo María esperaba afuera por haber encontrado la puerta entornada. Entró dándonos los buenos días. Sea que hubiese oído las últimas palabras de mi padre sobre mi viaje, sea que no pudiese prescindir de su timidez genial delante de éste, con mayor razón desde que él le había hablado de nuestro amor, se puso algo pálida. 6

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—-Mira ¿no te parece que tengo mucho pelo? —Sí. —Pues recórtalo un poco—y tomó las tijeras de un estuche. —Cuidado con trasquilarme. Cuando María se inclinó a sacudir los recortes de cabellos que habían caído sobre el cuello de mi padre, la rosa que ella llevaba en una de las trenzas le cayó a él a los pies. Iba ella a alzarla, pero mi padre la había tomado ya. María volvió a ocupar su puesto tras de la silla. ♦♦♦ Ejercicio: entresacar el segundo plano, los pretéritos imperfectos de acciones del argumento. Si forman trama con el argumento, como una de sus acciones. Poner la lista de sus frases.

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6 Entresacar frases descriptivas Suceso Mi padre, al acostarnos, me dijo desde su lecho, distante pocos pasos del mío: —-Es preciso ocultar a tu madre cuanto sea posible lo que ha sucedido. Cuando a poco de haberme hablado me convencí de que ya él dormía, vi tal valor en su calma, que no pude menos de permanecer por mucho espacio contemplándolo. No había amanecido aún, y tuve que salir en busca de aire mejor para calmar la especie de fiebre que me había atormentado durante el insomnio de la noche. Solamente el canto de las aves de los bosques vecinos anunciaba la aurora: la naturaleza parecía desperezarse al despertar de su sueño. A la primera luz del día empezaron a revolotear en los plátanos parejas de palomas emprendían viaje a los campos vecinos; las bandadas de loros remedaban el ruido de un arbolado bulliciosa; y de las copas se levantaban las garzas con leve y lento vuelo.

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Ya no volveré a admirar aquellos cantos, a respirar aquellos aromas, a contemplar aquellos paisajes llenos de luz, como en los días alegres de mi infancia y en los hermosos de mi adolescencia: Apagábase la tarde al día siguiente, cuando mi padre y yo subíamos la verde y tendida falda para llegar a la casa de la sierra. Las yeguadas que pastaban en la vereda y en las orillas, nos daban paso resoplando asustadas, y buitres se levantaban de las márgenes de los torrentes para amenazarnos con sus revuelos.

♦♦♦ Ejercicio: hacer una lista con las frases que no son de acción.

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7 Primero y Segundo plano en columnas Suceso Se caló el sombrero de paja. Bebió ávidamente del botijo puesto al amparo del rincón umbrío. Probó una vez más entre los dedos el filo de la hoz, y salió hacia el trigal, entornando sin ruido el portón para no golpear la siesta de los que dormían. Antonio andaba su camino con paso largo, casi marcial. El movimiento airoso provocaba el centelleo del sol en la hoz recién afilada, capaz de cortar la brisa si la hubiera. Desde la sombra mullida del pajar, le gritó Manolón, en un desperezo de la siesta: —Antonio, ¿estás loco? —No. —Pues lo parece. Acortaba la distancia y le crecía allá dentro el afán incontenible de estrenar la siega. Sentir cuanto antes

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en la mano ancha y morena de labrador, el manojo de espigas apretado y rubio. Por los aledaños del pueblo, cerca ya de los chopos y del río, oyó la voz de Roque en el ventano pintado de azul: —Pero ¿no contrataste segadores? —Quiero estrenarlo yo. El sendero, antes de morir en el trigal, pasaba cerca del río. Aquel agosto quemante había disminuido mucho su caudal. Dejó descubiertas, como descarnadas, las grandes piedras de las orillas. Al pasar bajo los chopos, Antonio dio un silbido largo. Era el saludo amistoso, de otras veces, correspondido siempre con fina cortesía de gorjeos. La siesta de fuego tenía los pájaros como disecados entre las ramas y ninguno le contestó. Llegó al trigal. Las espigas grávidas estaban ya cansadas de sol. De aquel disco de fuego colgado en el espacio rabiosamente azul y limpio de nubes. Una y otra vez, muchas veces, se pasó el pañolón de cuadros por la frente, puestos los ojos complacidos en la mies. Empuñó la hoz y comenzó a segar. Los ojos acariciaban las espigas estallantes, gruesas. Antonio abarcaba grandes manojos, y el golpe certero de la hoz abatía los tallos con un crujido tierno como el del pan. Pasaba resoplando bajo el calor el tren de media tarde. Era una palpitación fugaz en el paisaje muerto. El traqueteo de los vagones se perdía en la llanura, tensa de la lejanía. Fue entonces cuando al apartar el segador uno de los manojos, quedó casi al descubierto un nido gris, apretado y perfecto. Era como un milagro de la mies. Antonio soltó la hoz como sin pretenderlo. Quedóse inmóvil, absorto, con las manos 11

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en la cintura, con los ojos clavados en los pájaros. Son tres, dijo. ♦♦♦ Ejercicio: Primero, separar el texto completo en frases. Una frase por línea.Después, hacer dos columnas, a izquierda los pretéritos perfectos simples. A la derecha los imperfectos de acción que pertenezca a los hechos del argumento, no los diálogos ni las descripciones.

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8 Transposión de segundo plano a primero Suceso Se caló el sombrero de paja bebió ávidamente del botijo puesto al amparo del rincón umbrío probó una vez más entre los dedos el filo de la hoz salió hacia el trigal, entornando sin ruido el portón para no golpear la siesta de los que dormían Antonio andaba su camino con paso largo, casi marcial el movimiento airoso provocaba el centelleo del sol en la hoz recién afilada, capaz de cortar la brisa si la hubiera desde la sombra mullida del pajar, le gritó Manolón, en un desperezo de la siesta: acortaba la distancia le crecía allá dentro el afán incontenible de estrenar la siega

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por los aledaños del pueblo, cerca ya de los chopos y del río, oyó la voz de Roque en el ventano pintado de azul: el sendero, antes de morir en el trigal, pasaba cerca del río al pasar bajo los chopos, Antonio dio un silbido largo era el saludo amistoso, de otras veces, correspondido siempre con fina cortesía de gorjeos ninguno le contestó llegó al trigal una y otra vez, muchas veces, se pasó el pañolón de cuadros por la frente, puestos los ojos complacidos en la mies empuñó la hoz y comenzó a segar los ojos acariciaban las espigas estallantes, gruesas Antonio abarcaba grandes manojos, y el golpe certero de la hoz abatía los tallos con un crujido tierno como el del pan pasaba resoplando bajo el calor el tren de media tarde fue entonces cuando al apartar el segador uno de los manojos, quedó casi al descubierto un nido gris, apretado y perfecto Antonio soltó la hoz como sin pretenderlo quedóse inmóvil, absorto, con las manos en la cintura, con los ojos clavados en los pájaros son tres, dijo Estas son frases resultado del ejercicio anterior antes de separar el texto en columnas. Es la selección de las acciones en segundo o primer plano. Marca las frases de segundo plano e intenta pasarlas a primero. 14

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Ejercicio: En la columna derecha del ejercicio anterior, la columna de los imperfectos de segundo plano (copiarla) intentar y si se puede cambiar imperfectos por perfectos simples.

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9 Transponer indefinidos a gerundios Suceso Se caló el sombrero de paja. Bebió ávidamente del botijo puesto al amparo del rincón umbrío. Probó una vez más entre los dedos el filo de la hoz, y salió hacia el trigal, entornando sin ruido el portón para no golpear la siesta de los que dormían. Antonio andaba su camino con paso largo, casi marcial. El movimiento airoso provocaba el centelleo del sol en la hoz recién afilada, capaz de cortar la brisa si la hubiera. Desde la sombra mullida del pajar, le gritó Manolón, en un desperezo de la siesta: —Antonio, ¿estás loco? —No. —Pues lo parece. Acortaba la distancia y le crecía allá dentro el afán incontenible de estrenar la siega. Sentir cuanto antes en la mano ancha y morena de labrador, el manojo de espigas apretado y rubio. Por los aledaños del pueblo, cerca ya de los chopos y del río, oyó la voz de Roque en el ventano pintado de azul: —Pero ¿no contrataste segadores? —Quiero estrenarlo yo. 16

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El sendero, antes de morir en el trigal, pasaba cerca del río. Aquel agosto quemante había disminuido mucho su caudal. Dejó descubiertas, como descarnadas, las grandes piedras de las orillas. Al pasar bajo los chopos, Antonio dio un silbido largo. Era el saludo amistoso, de otras veces, correspondido siempre con fina cortesía de gorjeos. La siesta de fuego tenía los pájaros como disecados entre las ramas y ninguno le contestó. Llegó al trigal. Las espigas grávidas estaban ya cansadas de sol. De aquel disco de fuego colgado en el espacio rabiosamente azul y limpio de nubes. Una y otra vez, muchas veces, se pasó el pañolón de cuadros por la frente, puestos los ojos complacidos en la mies. Empuñó la hoz y comenzó a segar. Los ojos acariciaban las espigas estallantes, gruesas. Antonio abarcaba grandes manojos, y el golpe certero de la hoz abatía los tallos con un crujido tierno como el del pan. Pasaba resoplando bajo el calor el tren de media tarde. Era una palpitación fugaz en el paisaje muerto. El traqueteo de los vagones se perdía en la llanura, tensa de la lejanía. Fue entonces cuando al apartar el segador uno de los manojos, quedó casi al descubierto un nido gris, apretado y perfecto. Era como un milagro de la mies. Antonio soltó la hoz como sin pretenderlo. Quedóse inmóvil, absorto, con las manos en la cintura, con los ojos clavados en los pájaros. Son tres, dijo.

♦♦♦ Ejercicio: Algunos pretéritos perfectos de indicativo, también llamados indefinidos, se pueden cambiar por gerundios sin estropear el texto. Cambia los que se puedan

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10 Transponer indefinidos a infinitivos Suceso Se caló el sombrero de paja. Bebió ávidamente del botijo puesto al amparo del rincón umbrío. Probó una vez más entre los dedos el filo de la hoz, y salió hacia el trigal, entornando sin ruido el portón para no golpear la siesta de los que dormían. Antonio andaba su camino con paso largo, casi marcial. El movimiento airoso provocaba el centelleo del sol en la hoz recién afilada, capaz de cortar la brisa si la hubiera. Desde la sombra mullida del pajar, le gritó Manolón, en un desperezo de la siesta: —Antonio, ¿estás loco? —No. —Pues lo parece. Acortaba la distancia y le crecía allá dentro el afán incontenible de estrenar la siega. Sentir cuanto antes en la mano ancha y morena de labrador, el manojo de espigas apretado y rubio. 18

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Por los aledaños del pueblo, cerca ya de los chopos y del río, oyó la voz de Roque en el ventano pintado de azul: —Pero ¿no contrataste segadores? —Quiero estrenarlo yo. El sendero, antes de morir en el trigal, pasaba cerca del río. Aquel agosto quemante había disminuido mucho su caudal. Dejó descubiertas, como descarnadas, las grandes piedras de las orillas. Al pasar bajo los chopos, Antonio dio un silbido largo. Era el saludo amistoso, de otras veces, correspondido siempre con fina cortesía de gorjeos. La siesta de fuego tenía los pájaros como disecados entre las ramas y ninguno le contestó. Llegó al trigal. Las espigas grávidas estaban ya cansadas de sol. De aquel disco de fuego colgado en el espacio rabiosamente azul y limpio de nubes. Una y otra vez, muchas veces, se pasó el pañolón de cuadros por la frente, puestos los ojos complacidos en la mies. Empuñó la hoz y comenzó a segar. Los ojos acariciaban las espigas estallantes, gruesas. Antonio abarcaba grandes manojos, y el golpe certero de la hoz abatía los tallos con un crujido tierno como el del pan. Pasaba resoplando bajo el calor el tren de media tarde. Era una palpitación fugaz en el paisaje muerto. El traqueteo de los vagones se perdía en la llanura, tensa de la lejanía. Fue entonces cuando al apartar el segador uno de los manojos, quedó casi al descubierto un nido gris, apretado y perfecto. Era como un milagro de la mies. Antonio soltó la hoz como sin pretenderlo. Quedóse inmóvil, absorto, con las manos en la cintura, con los ojos clavados en los pájaros. Son tres, dijo. Introduzca aquí el texto del capítulo diez. Introduzca aquí el texto del capítulo diez. Introduzca aquí el texto del capítulo diez. Introduzca aquí el texto del capítulo diez. Introduzca 19

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aquí el texto del capítulo diez. Introduzca aquí el texto del capítulo diez. Introduzca aquí el texto del capítulo diez. Introduzca aquí el texto del capítulo diez. Introduzca aquí el texto del capítulo diez. . ♦♦♦ Ejercicio: Algunos pretéritos perfectos de indicativo, también llamados indefinidos, se pueden cambiar por al + infinitivo sin estropear el texto. Cambia los que se puedan .

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ACERCA DEL AUTOR Introduzca aquí el texto

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