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Toad Trippers II Flipbook PDF
Segunda edición de Toad Trippers
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EJERCICIOS DE FICCION
ENDULZAMIENTOS DE LA VISTA
CAMINOS RECORRIDOS
ELUCUBRACIONES ENSAYÍSTICAS
#2 ABRIL 2011
Edicion disenada por:
www.gverde.com.ar estudio @ gverde.com.ar
Editorial No errar es sin “u”, mano
Nunca lo ves venir hasta que ya se fue. Todo ocurre por una razón, incluso si es la equivocada… Especialmente si es la equivocada. Bad Blake, Crazy Heart
¿A qué se refiere Nietzsche con eso del “eterno retorno”? ¡A que somos unos perros estúpidos queriéndonos morder la cola! Mitzuca Chinycó, Un hueso para Larry
La llana estulticia cimenta las bases de la naturaleza humana. Vincent Von Streitsen, Apoplejía del alma
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eñoras y señores, he aquí el segundo número de la revista Toad Trippers. En esta oportunidad, su contenido orientado al arte, la historia y la filosofía se verá atravesado –a veces de soslayo- por la temática del error. Lapsus, macana, tropiezo, cagada. Sobre estas cuestiones rondaremos motivados por la voluntad de expresar, sin tapujos, nuestra más sincera estupidez. ¿Qué es errar, al fin y al cabo, sino morir un poco y vivir para contarlo? Caminar directo al horizonte mirando de frente a la cara del destino y… tropezar con la mesita ratona rompiéndose el dedito pequeño del pie. Como reza el viejo adagio: “Bailando el mono aprende a caminar”. Cuestión de actitud, ¿no es así? Dicen que los sabios son los que aprenden de los errores de los demás. Pobres diablos, no saben lo que se pierden. Crecer es un perpetuo camino hacia la inalcanzable perfección, por eso es el camino lo que en verdad importa. Mucho antes de los pasos cubiertos y las metas alcanzadas, debemos intentarlo una y otra vez, lanzarnos al vacío cagados en las patas, dispuestos –aún sin muchas ganas- a caer en el ridículo y llorar como bebés. Jamás lo olviden: cualquier cosa es mejor que nada. Así que recuerden, mis queridos jinetes de este sapo gordo y risueño que es la puta vida: a cagarla seguido y en pequeñas dosis. Algunos flatos se nos van a escapar. Algunas manchas palométicas quedarán como prueba de nuestra caprichosa digestión en la gran tela de la Historia. Incluso puede que de vez en cuando debamos resolver la falta de papel. Pero mejor así que comprimir la cosa, ocultarla y negarla hasta perder toda capacidad de retención o, peor, explotar sin más regando al mundo con nuestra mierda. Nadie resulta creíble adornado con pañales. Mucho menos agradable esparcido por doquier. Hagamos entonces y erremos con orgullo. Nada hay más noble que atreverse a fracasar.
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FUNK: Un error con demasiado groove CALLEJON OSCURO AKA PULPO CORPORATE ERRANTE NO HAY CAMINO WONDER COCK: JOHN HOLMES LA HISTORIA DEL ERROR AMENAZA CONSTANTE PEDIDO DE RESCATE A LA HUMANIDAD NOBLE TRASPIE DE NO HABER CAIDO REWINDING JUANCITO ARROYO EYES & SOUL 4AM: CORTISONA PSICOPOLITICA EN VIRILIO Y SLOTERDIJK CUANDO LOS ERRORES SON GENIALES LAS ESPOSAS YO NO FUI PK CALLING GALOPANDO CONTRA EL VIENTO NANO ART RECOMENDACIONES
ABOITIZ, SHANTI The poet warrior ARIAS, DIEGO LEÓN El magnate ARIAS, PABLO El náufrago urbano
Por Leandro Ruano (*) Ilustración de Bruno Prin
BEGNES, ERICA La niña inventora CAMPOS GALINDO, PEPE Grampa surfer CASARETTO, ANA Mitchum´s lover CASAS, SILVINA Iron-woman DE LA SERNA, GASTÓN Bubble boy número 1 DI SERNA, KEVIN Magic X-pander FIRMAT, CLARA Living in colors GADDA THOMPSON, CARLOS Daddy the Doc GADDA THOMPSON, NICOLÁS Bubble boy número II GONZÁLEZ TORROBA, MARTÍN The sublime freak GOROSTIAGA, TOMÁS El Crumb de los Goros GUARDIOLA, NICOLÁS El surrealista ilustrado HEREÑÚ, FERNANDO El octopus corporativo NAPIER, JULY American Beauty PRIN, BRUNO Pencil chango ROCA, PABLO El indestructible RUANO, LEANDRO The Melo-man VASQUEZ ROCCA, ADOLFO Academic monster VILLAVERDE, GUIDO Big “maderfakin” foot
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“Siempre son er rores. La ma yoría de las cosas empie zan como un er ror. Casi todos los avances , en música, surg en de una rev ol ución formal. Alguien que se rebeló y probablemente no gustó, pero que finalmente fundó su propio país. ” Tom Waits
La música funk -como la conocemos hoy en día- se gestó a mediados de los 60’s como una clara evolución de géneros, entre ellos el r&b y el soul. Lo que no se sabe a ciencia cierta es si dicha evolución se concretó por experimentación concensuada o por el simple “error” de algún baterista negro que un buen día se empecinó en acentuar los golpes de su instrumento en los tiempos equivocados.
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Sea como sea, lo cierto es que esta “mutación” creó un ritmo sincopado irresistible, sexy y bailable. El baterista Clayton Fillyau, quien había tocado con la cantante Etta James, reconoció públicamente que escuchando a grupos de r&b en Nueva Orleans fue como empezó a introducir esos contraritmos percusivos en la banda de James Brown allá por 1962. El padrino del soul sintió en esas nuevas vibraciones una bocanada de aire fresco que lo podía destacar de entre la música que -todavía entonces- sólo escuchaban los afroamericanos, y que rondaban las baladas edulcoradas provenientes de Motown Records o el doo wop. Los principales antecedentes del funk son Fats Domino y Little Richard, pero el más claro ejemplo “pre Brown” es el tema proto-funk Trick Bag que Earl King compuso allá por 1961. El baterista Earl Palmer fue el primero en utilizar el termino “funky” cuando iba a introducir algún ritmo sincopado. La terminología funk es un juego de palabras del termino africano Lu-Fuki, que significa algo así como: “olores corporales del vello púbico”, y que hacen una clara alusión a los olores que provienen de los flujos emanados por la pasión amatoria. El funk, no hace falta aclararlo, es un baile extremadamente sexual. El otro instrumento estrella del funk es, sin lugar a dudas, el bajo. El bajista funk por excelencia fue y será Bootsy Colins, no solo por su manera de tocar sino también por toda una actitud que poseía, actitud tan “funk” que llevó al mismísimo James Brown a despedirlo de su banda por miedo a sentirse opacado. Con el correr de los años, lo que muchos hubieran catalogado de error, equivocación o un simple lapsus, se convirtió en un milagro creativo a mediados de la década del sesenta; un sonido basado en el corazón rítmico y no tanto en lo melódico, algo que hasta el momento nadie se había atrevido a desarrollar. ¿Pero qué es tener un sonido funky? Sencillamente eso, ofrecer algo impreciso a los oídos, algo que está fuera de tiempo, corrido de su eje: tener groove, una célula rítmica que se repite y nos obliga a bailar, sentir que no podemos mantenernos quietos. Por eso el funk es un género que ha influenciado a muchos otros géneros que surgieron posteriormente, como el rap, el hip hop y la música electrónica. Sin un buen groove no hay baile. Si no hay baile, no hay funk.
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La vida del padrino del soul es una vida de leyenda, plagada de escandalosos divorcios, acusaciones de maltratos por parte de sus mujeres, temporadas en la cárcel y abusos a sus propios músicos. La banda de James Brown no es una banda, es una familia, y la mínima traición se paga con la expulsión. La música negra siempre estuvo ligada a denunciar todo tipo de atropellos y discriminaciones. Desde el gospel, el r&b y el soul, las voces se hicieron y se hacen escuchar, y por supuesto el funk también toma cartas en el asunto. No por ser una música que hace vibrar hasta al más apático bailarín deberían sus letras ser sosas y sin contenido, ¿no les parece? Es inevitable no cometer errores cuando se sale de la más absoluta miseria y se logra tener el mundo rendido a tus pies. Esto fue lo que le pasó a uno de los mayores referentes históricos de la música negra. Errores que pueden ser vistos como aprendizajes; un aprendizaje urbano, callejero y hasta carcelario, por qué no.
Ya desde el principio, al pequeño James lo enviaban a la escuela descalzo y vestido con un saco de papas. ¡Un saco de papas! Esto lo marco a fuego, y con el tiempo se propuso ser el hombre mejor vestido del planeta. El abandono de sus padres desde su más tierna edad también haría mella en la personalidad del músico. Tener que ganarse la vida en su adolescencia fue muy duro; de lustrabotas a recoger algodón en los campos para terminar vendiendo partes de autos que él mismo robaba y terminar en la cárcel poco antes de cumplir los veinte años. De ahí directo al reformatorio. Como él mismo lo ha dicho más de una vez, a Brown lo salvó la música. A poco de salir de la cárcel en 1953 se unió al grupo gospel The Starlighters y en 1958 lanzó su primer single como solista: “Try Me”. Pero no fue hasta 1962, con el mágico y legendario concierto en el teatro Apollo de Nueva York, que el padrino del soul se transformaría en una estrella con brillo propio. En 1965 se edita el single “Papa’s Got a Brand New Bag”, considerado el primer tema funk
de la historia. Esto lo llevaría a alzarse como uno de los íconos más grandes no solo de la música negra sino de la música pop en general. James Brown siempre tuvo facilidad para rodearse de grandes colaboradores gracias a los cuales logró generar un sonido característico e inigualable. Ninguno de esos músicos fue debidamente reconocido y siempre fueron al choque con el mal genio de Brown. Muchos músicos incluso tuvieron que marcharse de sus diferentes agrupaciones, como sucedió con Maceo Parker, Bootsy Colins y Pee Wee Wesley, entre otros. Considerado el rey del “sampleo”, Brown es el artista de la historia que ha sido –a su vezmás sampleado. Desde los primeros hiphoperos hasta la oleada de Acid Jazz, todos han sacado algo del Señor Funk: líneas de bajo, quejidos, breaks, además de inspirar a Chuck D para bautizar a sus Public Enemy a partir del tema Public Enemy #1, que Brown firmó en 1972.
En el año 2005, en Augusta, Georgia -su pueblo natal- le erigieron nada menos que una estatua, cosa rara para alguien que aún está vivo. Las únicas exigencias de Mr. Brown fueron que la misma debía apoyarse directamente en el suelo y no sobre un pedestal. La otra condición fue que el rostro debía tener una agradable mueca sonriente; la premisa era signar su éxito con dicho bronce pero denotar que seguía siendo un hombre de pueblo y feliz. Cuando aún vivía en Augusta, el joven Brown fue deportado tras ser detenido y excarcelado por reiterados intentos de robo en domicilios ajenos. Tal es así que en plena década del setenta -y ya consagrado como una superestrella- tuvo que tramitar permisos especiales para poder actuar en su ciudad natal. Un año mas tarde, el 25 de Diciembre de 2006, falleció de un infarto al corazón en Atlanta. Su esposa, quien lo había acusado de maltrato e intento de matarla en el 2004, declaró que mantenían una vida conyugal saludable y feliz… La música lo salvó, no caben dudas. Como diría el eterno Igor Stravinsky: “A la música no hay que respetarla, hay que amarla”. James Brown amo la música. Sus errores fueron gigantes. Su talento también. (*) El autor es uno de los directores del blog de música y sonidos Secuencia Inicial: http://secinicial.blogspot.com/
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laya La Tiza, Sur de Lima, Perú. Noche del 3 de noviembre de 1991. No deben quedar huellas, dice el Mayor Rivas, a cargo. Quince uniformados del Servicio de Inteligencia del Ejército se reparten en dos camionetas rurales. Con sirenas de vehículo policial, avanzan por la ciudad hasta Plaza Italia. Dos agentes infiltrados informan que la reunión para recolectar dinero se está realizando. El agente Abadía debe ingresar aún a reconocer los mandos que serán secuestrados. Llegan al jirón Huanta al ochocientos, ingresan al callejón, arrojan una bolsa con armas al piso, descienden todos menos los choferes, Rivas y el Mayor Guevara están encapuchados, todos recogen las ametralladoras con silenciadores, Goycochea y Giménez, Suboficiales de Primera, se ubican en la puerta del callejón para que nadie ingrese, Abadía dice “son todos” y sale corriendo del lugar, seis hombres ingresan al primer piso del edificio, con gritos y golpes obligan a los concurrentes a tirarse al suelo, a un borracho que se resiste lo voltean de un culatazo en la espalda y otro en el pecho, un hombre dice “yo organicé esto” y Rivas lo acribilla a balazos, se vuelcan ráfagas de balas sobre las cabezas y espaldas, a los moribundos los rematan de un tiro. Salen todos menos Ordinola, Técnico de Tercera. Giménez ingresa a buscarlo. Un niño de ocho años corre a auxiliar a su padre, herido en el suelo. Ordinola ametralla a ambos. Salen. Se suben a las camionetas. Mientras se pierden, un camión porta tropas, con seis militares a bordo, avanza por la cuadra ocho del Jirón Huanta, dobla y se estaciona en el
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Jirón Huallaga; los militares descienden, se forman en fila, vuelven a subir y se retiran. Las camionetas vuelven a La Tiza sin que nadie las siga. Otra parte del Destacamento Colina, entre tanto, organizó el cumpleaños de Rivas. Giménez increpa a Ordinola por el asesinato del niño. Este responde: “el jefe ha dicho que no queden huellas”. Rivas pone orden. Es su cumpleaños. Festejan el éxito de la operación. Todavía no lo saben, pero fueron quince muertos y cuatro heridos graves que juntaban plata para refaccionar el edificio. Los del Sendero Luminoso estaban en el piso de arriba.
Epílogo Este trágico relato –producto de la pluma e inspiración del amigo Roca- se basa en hechos reales acontecidos en nuestro querido Perú, vecino y hermano, fruto de la lucha intestina entre el gobierno nacional y la agrupación Sendero Luminoso. Las secuelas, según fuentes oficiales: En el 2001, el gobierno peruano aceptó pagar USD $ 3.3 millones en compensación a los cuatro sobrevivientes y a los parientes de las 15 personas asesinadas. El 13 de septiembre del 2001, el Vocal Supremo José Luis Lecaros presentó una solicitud internacional a la Interpol para que se efectúe el arresto de Fujimori, que en ese entonces vivía en Japón. En agosto del 2003, el gobierno de Perú presentó una solicitud de extradición de Fujimori y entre los crímenes que se citan en el documento se encuentra la masacre de Barrios Altos. En el 2004, los jueces peruanos ordenaron la liberación de varios de los sospechosos de
la masacre de Barrios Altos, quienes habían estado presos por más de tres años sin sentencia...
Por Pablo Roca Ilustración Tomás Gorostiaga
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Pulpo Corporate
Artist review Fernando Hereñú (AKA Pulpo Corporate) nació en Baires en 1977. Actualmente, el mundo lo considera un groso artista y no es para menos; su valiente actitud frente a la hoja en blanco a dado como resultado un estilo complejo, oscuro y delirante, pero sobretodo dolorosamente hermoso. Él mismo define su arte como autorreferencial: “Siento que es una mezcla de las fantasías y los hechos de la realidad en un marco estético surrealista.” Algunos autores que lo inspiraron:
Peter Bagge, Yoshitoshi y Travis Millard.
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Su trabajo remite a las imágenes “art Nouveau” de Audrey Beardsley, al bizarro y místico lenguaje del Underground American Commix y a los clásicos orientales, todo ello amalgamado con una testaruda paleta de negros, blancos y naranjas que gustan mostrar “la imperfección y lo extremo” en lo que se refiere al cuerpo humano. Durante años trabajó como diseñador para Cartoon Network, MTV, Coca-Cola y Nickelodeon. Hoy, además de artista plástico, co-dirige una compañía de juegos on-line. Su obra ha sido reconocida y expuesta en todas partes: Estados Unidos, Inglaterra, Brasil, Francia, España, Alemania, Taiwan, Polonia, Costa Rica, México y –por supuesto- Argentina.
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Cuando le preguntaron si la magia estaba en el lienzo o en el proceso creativo, Pulpo Corp. respondió con sabiduría:
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“La magia está en el proceso creativo y de construcción; también es mágico el momento en que alguien observa el resultado y se siente conmovido. La obra en sí no tiene magia, es un pedazo de tela manchado.
Magia tenemos nosotros.”
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Errante no hay camino, s e hace camino al errar. Por Silvina Casas (*)
Pensar en el error nos remite directamente a una concepción por demás humana, cultural y simbólica. Sin embargo, esta sentencia no nos dice nada; simplemente queda librada a un infinito de posibles significaciones que cada persona le asignará según su criterio. Porque una explicación es solo eso: una explicación, un punto de vista o -si se quiere- la forma en que construimos el mundo que nos rodea.
Error/errar y nuestros padres, tutores o encargados (o todo eso junto y a la vez) He aquí el hogar conformado por un aglutinamiento de personas que damos en llamar “familia”. Conformada en la mayoría de los casos por padres o tutores y su pequeño retoño (muchas veces más de uno). Dicha estructura familiar es mediante la cual nos constituimos como seres sociales. Y estos padres o tutores son aquellos que deben encontrarse con la
ardua tarea de saber qué hacer con el susodicho retoño. Sin embargo, los mismos no tienen la culpa de todos los “males” que se generaron en esa criatura; ellos también fueron atravesados por un sinfín de creencias, formas y costumbres que les fueron inculcadas desde las distintas figuras e instituciones que participaron en su vida. En dicho hogar, desde pequeños comenzamos la vida siendo criaturas “libres” de reglas, las cuales en muy corto tiempo se comienzan a inculcar como saberes y conductas. No siem-
pre del mejor modo, digamos, ya que “no toque eso que ‘e caca” no es lo más indicado para referirse a una marcación de conducta. Dejemos de lado el infantilismo en el tono que usamos para hablarle a los bebes porque creemos -sí, me incluyo, porque nos pasa a todosque la criatura nos entiende mejor así. Y si el tema está en asociar todo lo malo a la caca, creo que no vamos por un buen camino. Reflexionemos un poco. El niño produce por sí mismo pocas cosas que vengan de él. Una de ellas es su caca.
Vemos que la etimología del término errar es del latín errare que refiere a vagar, ir por mal camino. Si bien no se ajusta en un cien por ciento a lo que entendemos nosotros por errar, tan errado no está (valga la redundancia). Entonces, ¿qué entendemos por errar? Lo que nos dice la Real Academia Española, esa magna institución apostada en la masa de tierra ibérica de la que nunca nos pudimos destetar, es: Opción 1: Concepto equivocado o juicio falso. Opción 2: Acción desacertada o equivocada. Opción 3: Cosa hecha erradamente. Es un comienzo como para pensar al respecto y de paso usar en una partida de Scrabble (¹) a que la doble “r” te haga sumar unos buenos puntos con un triple valor palabra. Pero, ¿se ajusta a lo que entendemos por error/ errar? Creo que dista de un verdadero concepto en el argot cotidiano.
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Erra nte no hay c amino, se hace camino al errar. Por lo tanto, al asociar que lo malo y/o errado es la caca, pues la estamos cagando justamente. Así estamos. Desde pequeños, lo que hacemos está asociado a algo que no se ajusta a lo que nuestros padres desean de uno. Ellos tratan que seamos los niños más inteligentes y despiertos del planeta, pero no siempre cumplimos sus expectativas. Reconozcamos, sin embargo, que es una actitud plenamente inconsciente y que sólo intentan hacer lo mejor de cada uno de nosotros. Y así salimos… imperfectamente humanos. El error nace, entonces, en y por nuestros primeros pasos en la vida social y bajo los regímenes d e ese Otro que nos constituye como lo que somos. Puede ser un poco complicado de expresar la idea que acabo de proponer, pero repasemos parte por parte.
El error de/en la escuela Nuestro “segundo hogar”, como decían las amables señoritas en la primaria. En la más extensa de sus formas -jardín, preescolar, primaria etc.- hemos aprendido que el “error” es un gran monstruo que nos persigue y del cual debemos huir. Es, entre otras formas de paranoia infantil, el pavor de equivocarnos ante una pregunta que se nos hace dentro del aula, ese “cubo del saber” en el cual estamos todo el tiempo siendo evaluados en diversas formas y sentidos. Así es como existen miles de libros sobre pedagogía áulica en los que los autores se preguntan por qué razón los niños no participan en clase. Bueno, maestros; debo decirles que es porque
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los niños tienen miedo a errar y como consecuencia enfrentar la vergüenza social del “no saber”. Por mi especialidad he tenido que leer varios trabajos sobre pedagogía, en los cuales me he topado con frases como “tienen ansias de saber, pero miedo de aprender”, ¿Cómo esa posible que no se den cuenta que el miedo no es a aprender sino a errar? ¿Acaso estas personas nunca fueron niños? Así también hablan de fracaso escolar como algo a remediar; sin embargo, no se reflexiona sobre porqué condicionamos al estudiante bajo el yugo del fracaso. También es verdad que la sociedad en la cual vivimos está construida sobre el enunciado del éxito y el progreso. Para ello fue necesario configurar toda la maquinaria institucional hacia dichos enunciados, con primacía e importancia la escuela, primer bastión del “moldeado social”. No con ello estoy diciendo que la educación sea tan tenebrosa, pero puede serlo aún menos. ¿Cuál es el problema de errar en una respuesta y entre toda el aula conformar una nueva respuesta, abierta e integradora? Parece ser que algo tan simple rompe con los criterios rígidos de la escuela clásica: la posibilidad de que una real apertura al conocimiento -en forma integral y comunitaria- pueda generar lazos de sociabilidad fuerte y al mismo tiempo, lúdicos (pues no nos olvidemos que, al fin y al cabo, estamos hablando de niños.) Ya el hecho mismo de que el estudiante genere una respuesta, resulta vital para su sociabilidad, pues todos hemos tendido que pasar por la experiencia áulica y
sabemos que lo más difícil para un docente es que alguien responda una pregunta y/o consigna; automáticamente se genera un silencio sepulcral y todos miran al piso. Por ello, rescato como positiva la experiencia misma de la respuesta, sea cual fuere. Cualquier respuesta cuenta con una carga significante que nos da cuenta de la estructura de pensamiento de ese estudiante y nos permite rastrear las condiciones de producción de esa respuesta. Sea como sea, esta escuela -que he llamado “clásica”- ha decantado en una nueva pedagogía: la del error. Hay que dejar que los alumnos yerren y luego corregir en base a este error. Dicha didáctica apunta a que el error es un “desajuste” entre lo esperado y lo obtenido. El error es también evaluador del proceso de aprendizaje y abandona, en este sentido, la tradicional idea de evaluación de resultados. Yo me pregunto, ¿para qué pasarnos la vida marcándole al niño las cosas que están bien y las que están mal, generarle el sentimiento de culpa con respecto a eso y luego usar ese malestar como combustible para “enseñar”? ¿Por qué hablan de desajuste? ¿Acaso hay una regla y/o norma que regule a lo que hay que ajustarse? ¿Lo esperado y lo obtenido es real según los intereses de los estudiantes? Son muchas preguntas las que me generan este tipo de pedagogía y diría como conclusión - capaz algo aventurada - que es un poquito bastante perverso, ¿no les parece? Es posible pensar un tipo de enseñanza conjunta y complementaria, entre docentes y estudiantes,
divertida y sin seguir las “reglas” del manual Kapeluz para verificar si está bien o mal una respuesta. Intentar abandonar la paradoja del éxito vs. el error considero que es el camino. Generar personas pensantes, críticas y abiertas a distintas formas de pensamiento es justamente mi utopía.
vicción de que debemos abandonar la tiranía del error, porque el error en sí es relativo según la subjetividad de cada uno. Porque es una construcción de sentido y cada uno puede hacer la propia. Porque del error también pueden nacer cosas buenas y “hacer un Homero” de ellas. Porque somos humanos erramos, y también por serlo recreamos, una y otra Hacer un Homero vez, el concepto del error. HagaQuienes somos adictos confesos mos, entonces, algo digno de él. de los Simpson recordaremos inmediatamente este capítulo. Quienes no, hago un pequeño recordatorio de aquel episodio cuarenta de la tercera temporada: Homero termina en una zona de alta concentración radiactiva y la planta queda a punto de sufrir una fusión nuclear, la cual destruiría toda la ciudad. Como él está junto al tablero de operaciones, parece ser la única persona que puede detener la catástrofe. Sin embargo, no sabe cuál es el botón que lo salvaría de la fusión. Entonces, desesperado, elige un botón mediante el juego de niños “Detín, marín, dedó, pingué”. Milagrosamente, pulsa el botón adecuado y salva a toda la ciudad. Más tarde, comienza a ser reconocido como un héroe. Si bien finalmente se demuestra la ineptitud de Homero ante Cita de imagen: GRILLO, OSCAR esta situación, no puede llegar y TRILLO, CARLOS. Trillo y Grillo a ser catalogado como un error en Revista Fierro Nro 2. Diciemporque salvó la ciudad. Tampobre 2006. Editorial La Página SA. co es un acierto porque de ca(*) La autora es estudiante de Ciensualidad pingué le toco al botón cias de la Comunicación Social con correcto. Así que el capítulo se orientación en Procesos Educativos. resuelve cuando la comunidad (¹) Juego de mesa conformado por agrega al diccionario un nuefichas de letras en la cual el objetivo término: hacer un Homero. vo es sumar puntaje con las mismas. Más allá de lo anecdótico del capítulo, ayuda para apoyar mi con-
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Por Gastón de la Serna Ilustración Shanti Aboitiz
Bitter-sweet stories: John Holmes Pequeno Juan John Curtis Holmes nació en el seno de una familia humilde el 8 de Agosto de 1944 en Ohio (USA). Su padre lo abandonó a él y a su madre cuando era un niño. Al poco tiempo, su madre volvió a casarse con otro hombre y tuvo dos hijos más. El padre adoptivo de John era un maldito hijo de perra violento alcohólico, por lo que recibió duras golpizas a lo largo de su infancia y adolescencia. Cuando cumplió 16 años decidió alistarse en el ejército, ya que era la única manera de escapar al infierno al que debía enfrentarse diariamente en su casa. Durante el tiempo que estuvo enlistado anduvo por Europa –más precisamente en Alemania- por alrededor de 3 años. Al regresar, visitó la casa de su madre por última vez, se despidió y nunca más volvió a verla. Había tomado la decisión de partir hacia Los Ángeles en busca de algo mejor para su vida. Una vez radicado en la “ciudad del pecado de las luces”, tuvo varios trabajos esporádicos hasta que consiguió un trabajo estable como chofer de ambulancia. Allí es donde conocería a su primer esposa, una enfermera llamada Sharon Gebenini, con quien contraería matrimonio en 1964. Sharon se refiere a aquella época como “años felices en los que John era una persona cariñosa, atenta y alegre”.
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Bitter-sweet stories: John Holmes
“JH fue al porno lo que Elvis fue al Rock & Roll... simplemente el Rey” Bob Vosse (cineasta)
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Like a socket full of sand
Rising Star
Al poco tiempo de casarse, Holmes contrae una enfermedad pulmonar que lo aleja del trabajo. Así es como Sharon se convierte en el sostén económico de la pareja. John visitaba asiduamente un club de poker donde solía pasar las noches mientras Sharon se encontraba de guardia en el hospital. Fue en ese mismo club que un productor de cine porno lo observa en los baños y miradita de reojo mediante, queda verdaderamente sorprendido por el tamaño de su tronco pipi. Sin más preámbulos, lo alienta a presentarse en algunos de los castings que se estaban haciendo por aquellos días. John decide concurrir sin decirle a su mujer, ya que ella era una persona con una educación muy formal y jamás le hubiera dado su consentimiento para semejante “aventura laboral”. Al concurrir al casting, un famoso productor lo ve y automáticamente le dice la ya celebre frase: “kid, you’re going to be a star” (niño, vas a ser una estrella).
Los inicios de los 70´s era una época particular en los Estados Unidos; la guerra con Vietnam había terminado, se vivía un clima de liberación sexual, el hippismo estaba en su apogeo y la sociedad estaba en una situación mucho más asertiva. El cine condicionado estaba explotando como industria y negocio; las películas comenzaban a ocupar las marquesinas en cines de barrio y poco a poco dejaban de ser el tabú que habían sido décadas anteriores. Los productores vieron en Holmes el empujón ícono que necesitaba la industria, el propulsor que hacia falta para detonar el negocio. Él, a su vez, vio que por una vez en la vida podría llegar a convertirse en alguien importante. La ecuación cerraba perfectamente para ambas partes. Su popularidad creció de manera explosiva con sus primeras películas. Su gracia y su generosa anatomía lo convirtieron en el objeto de deseo
de mujeres y hombres y en el modelo a seguir para los demás actores de la industria. La saga Johnny Wadd, en el que interpretaba a un detective privado que resuelve casos de bellas mujeres desconsoladas sin necesidad de usar pistola, lo convirtió en una de las personalidades más populares de la época en USA. Todas las personas que lo conocieron coinciden en varios puntos. John Holmes era un joven con poca autoestima, amable y seductor. En los sets era un caballero, sus partenaires solían destacar sus cualidades humanas como calidez, simpatía y respeto. Según sus palabras, la clave residía en “ganarse la confianza de tu compañera; hacerla sentir cómoda para luego tener sexo salvaje”. Los rumores cuentan que en su época de adicción, llegaba al set con una valija repleta de drogas que ofrecía tanto a los actores como a los miembros de la crew de filmación.
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Getting Closer
Getting deeper
Dead man walking
Su relación de pareja con su mujer se quiebra, pero siguen viviendo juntos y generan una relación en la que su mujer se convierte en madre, amiga y protectora. Al mismo tiempo, John se enamora de una adolescente de 16 años, a quien seduce y convierte en su novia. En la cima de su éxito comienza su exagerada relación con las drogas. Al principio era solo alcohol y marihuana; recién a mediados de los 70´s es cuando conoce a la papusa “blanca palomita” y con ella inicia el ocaso de su carrera. Las drogas siempre fueron parte del set de filmación de una película condicionada en aquella época; la mayoría de las películas se rodaban en mansiones de la zona e incluían fiestas en las que participaban dealers, mafiosos y personajes de poder. Pero para John, tomar cocaína, se volvió una necesidad seguida de una completa perdición. Sus compañeros relatan que se encerraba en el baño a aspirar “endurecer su mente” y podía estar allí horas sin salir. Esto comenzó a preocupar a los directores y productores; estaba cambiando su personalidad, además de tener un serio problema eréctil por causa de semejantes excesos. La situación se volvió insostenible y El Rey pasó a ser mendigo de un día para el otro. La industria le cerró las puertas a John Holmes y este cayó en un pozo profundo y oscuro.
En los años siguientes, profundizó su adicción a las drogas. Le robaba a su ex –la madre, amiga y protectora- lo que hiciese falta para pagar los vicios. Se prostituía y hacia prostituir a su adolescente novia a cambio de drogas. Nada podía detenerlo a esta altura. La situación lo llevo a moverse y tratar con gente muy pesada, la misma gente que más tarde lo involucraría en el incidente “Wonderland”. La cosa ocurrió así: John visitaba asiduamente a Eddie Nash, un famoso narcotraficante y dueño de varios nightclubs de la época, para quien era tanto cliente como dealer. Por otro lado, Wonderland era una famosa casa situada en la avenida homónima de la sección Laurel Canyon en Los Ángeles. Allí se organizaban grandes fiestas que reunían a mucha gente importante con el fin de consumir drogas y realizar negocios de narcotráfico. John era muy amigo de los propietarios y juntos, en un intento desesperado por conseguir dinero, deciden robar la casa de Nash. ¿Cómo? John tenía acceso a la casa y en una visita dejó la puerta trasera sin seguro para que pudieran entrar los wonderland’s boys. Una vez hecho el robo, se reparten el botín y desaparecen un tiempo de la noche. Nash comienza a sospechar de Holmes y lo encuentra con un anillo que era de su propiedad. Al verse expuesto, el cabreado colérico gangster obliga a John a abrirle las puertas de Wonderland para asesinar a los ladrones y cobrar su venganza. Así fue como tres de los cuatro dueños de la casa y unos visitantes ocasionales aparecieron brutalmente masacrados en Julio de 1981. Holmes es detenido por sospechas de haber sido partícipe de los asesinatos. Al recibir la excarcelación, decide emprender una alocada fuga. Luego de huir por todo el país, es detenido en Florida y llevado a la cárcel para luego prestar testimonio y defenderse de los cargos. Después de un mediático juicio, es encontrado inocente y recupera su libertad.
Toda esa exposición mediática hizo que la industria le abra las puertas nuevamente al hijo pródigo en busca de una nueva explosión comercial que habían perdido debido al confinamiento del cine condicionado al formato VHS. Así y todo, este “comeback” fallido representa el ocaso de su vida y carrera. Ya no tenía el reconocimiento de antes y sus papeles poco a poco dejaban de ser estelares, lo cual hiere profundamente su ego y autoestima. Al poco tiempo de volver a la industria, se realiza un test que lo etiqueta como HIV positivo. Sus doctores le recomiendan que cuide sus hábitos de vida, pero nada de eso hizo que Holmes se rescatara. Hace tiempo ya que se había embarcado en una carrera de autodestrucción y este último “agregado” hizo que sus excesos se magnificaran, como así también que entrara en un proceso de negación al punto de viajar a Europa a filmar y tener sexo sin preservativos. Su enfermedad comienza a agravarse y finalmente muere en 1988, dejando una alarma importante del daño que podía hacer el sida en la industria.
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Epilogo Holmes era un mitómano; le encantaba inventar historias sobre su vida que gustaran y atraparan al público. Decía que había ido a la universidad de UCLA y que había obtenido un PHD, pero que lo había abandonado para dedicarse al cine porno. Decía que no tenía familia, que no tenía eyaculaciones fuera de cámara porque no le pagaban por hacerlo, que se había acostado con mas de 12 mil mujeres, que cuando tenía 8 años una sirvienta suiza que tenían en su casa le había enseñado todas sus técnicas del sexo, que le habían pagado miles de dólares para complacer a una dama de alta sociedad europea, y un largo, largo etcétera de pequeñas y lacónicas grandilocuencias. Holmes había creado un personaje en el cual ya no se sabía –ni siquiera él mismo seguramente- qué era verdad y qué era mentira. Había luchado tanto por sepultar su infancia dura y su vida real llena de insatisfacción, que se perdió en su propio limbo de mentiras. John Holmes nació con un atributo físico que le permitió tener todo el sexo, las fiestas y las mujeres que un hombre podría desear fantasear. Sin embargo, toda su vida -hasta el momento de su muerte- buscó encontrar el amor incondicional de alguien que lo haga sentir una persona íntegra y valorada. Detrás de ese personaje que él mismo construyó -el tipo eternamente alegre que derrochaba carisma y centímetrosexistió siempre el niño irresoluto y desesperado por encontrar la protección, contención y atención de una mujer. Paradójicamente, y a pesar de ser el rey indiscutido del cine porno, John Holmes sufrió mucho más de lo que gozo.
Bitter-sweet stories: John Holmes 36
La historia del terror Por Diego León Arias
Ilustrado por Pablo Arias
Todo aquello comenzó en el año 62 y le dio origen a la expresión. Fue apenas entrar al restaurante que vi a un hombre solitario hurgándose la nariz. Enseguida lo apunté con mi dedo, incliné la voz y advertí a todos: “ese hombre se está sacando un moco”. Todos se giraron al acto, les apoderó la oferta y por un momento el espectáculo lo parecían ellos y su coreografía juiciosa. El hombre solitario en su pequeña mesa al centro del salón no se detuvo a pesar de las visiones; su índice estaba cavando un enigma que junto al tiempo congelaban las raciones de comida. Se entendió que era el fin de la exploración cuando sus ojos se enderezaron y reposaron impolutos. Entonces ocurrió lo que para mi resultó ser un milagro. En su trabajoso dedo se apoyaba lo que para él solo era una gigante obstrucción nasal, una insuperable y bella obra de arte. Era la más fiel y hermosa imagen de Noé convenciendo a un tigre de subir a su arca. Todos lo vieron y se sintieron enviados y atraídos hasta la órbita del moco. El comedor se colmó de aplausos y risas fraternales, lo adoraron como adoran una flor. Diría que fue la primera mucosidad en convivir sobre la cara superior del universo y encima siendo aclamada. Esa fosa nasal era una puerta al mundo de los ídolos y sus construcciones divinas; dentro de esa nariz se empotraba el arte con la virtud de las alas. En gran parte me sentí responsable del suceso, y cuando ya había acabo la atención hacia al hombre, me acerqué hasta él para admirar de cerca el detalle de su obra. Le pregunté si era usual en él tanta destreza con el material humano; mi duda era si yo había apuntado la grosería de un hombre o había puesto la luz bajo un talento mal publicitado. Su marginado silencio era prueba suficiente de que solo se trataba de un tropiezo, un error que mejoraba en la mente de las personas con sensibilidad, un arte que nace y se trabaja en las tinieblas y que su primer y único mentor es su público. Toda su vida, su aspecto, sus gestos, su ropa, todo parecía una prolongación, un túnel con el sólo objetivo de llegar al postre. Desinteresado, asumió que era habitual en él hurgar y retirar piezas dimensionales, pero sin evidencia de alguna forma que él pudiera apreciar. Entonces lo vi muy claro; la vida tiene una estrategia para todos, y esta vez se había confesado a través de una diminuta voz que solo podrían oír las moscas. Le pagué la cuenta y le invité a mi coche. Él estaba casado con sus zapatos y sus zapatos vinieron. Lo llevé hasta mi casa, le conté mis planes y le expliqué nuevamente porqué le admiraba. Él sin duda durante todos estos años había adquirido la forma de un globo y como tal estaba suspendido. Le pedí más testimonios de su generosidad artística y prosiguió. Durante horas le vi cómo despoblaba su frente; era imposible detenerlo y recalcular los prejuicios. Eran pergaminos de la humanidad retratados en moco; ni retroceder en el tiempo sería tan útil para encarnarse en los dramas de los señores feudales como en presencia de sus bellas y vivientes esculturas. Me sentí penetrado por los espíritus de la moda, los que dijeron que yo llevaría su arte a las casas de todos.
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Tres días más tarde repetimos la misma escena, pero esta vez representada. Entro al restaurante, apunto al hombre hurgándose la nariz, advierto a todos, todos lo miran, el hombre insiste y finalmente desnuda su fosa. La reacción de la gente fue exactamente la misma; incluso hubo quienes estrecharon su mano sin importarles de dónde acababa de salir. Mi intención era inventar un hombre nuevo con el que pudieran derrochar su dinero, por lo que debía romper con su anonimato y que en las próximas reuniones humanas se masticaran las visiones de su obra. De ese modo tracé mi plan e hicimos una extensa feria de ciudades y restaurantes locales. Cada uno de nuestros conciertos relataba una idea de esperanza; existía la posibilidad que el día de mañana alguien inspirado defecara ladrillos y el resultado fuese la solución de la existencia. Fueron tiempos de suerte y alianza, a pesar de que mi relación con el artista era inadvertida, en muchas ocasiones la única comunicación verbal era la tos. Indudablemente nuestra labor empezaba a dar sus patadas y en algunas ciudades algunas de las obras fueron fotografiadas por medios locales. Llegado a este punto contábamos con un artista y su representante; era innecesaria la rutina teatral y los demonios ya podían desplegar sus alfombras a nuestra llegada. Consideré importante resguardar su imagen tras cortinas de incertidumbre; encontré que era más conmovedora la fuerza de dios edificando la nariz de un corriente que la propia inteligencia de un creador solitario y provocador. El artista no poseía nombre ni procedencia. No hacía comentarios ni esclarecía la fortuna de su trabajo. Seguidamente, entrelazaba su dedo con los productos del cielo y un paréntesis emocional colectivo protegía a la tierra de dioses ajenos. El artista era descorazonado, tan solo calefaccionaba sus dos signos vitales imposibles de perder y el resto eran ruidos de una tumba vecina. Para él seguramente la vida era alguien. Éramos implacables en cada una de nuestras presentaciones. Teníamos la suerte de habitar planetas distantes pero yo comenzaba a invalidarme con mis dudas. Su inexpresividad y su silencio me generaban tanto desamparo en el momento de representarlo que me había convertido en un espectador más, aburrido y descreído. En varias ocasiones, antes de presentaciones importantes, lo sometía a baños de hielo, una tontería de la cual él nunca rehusó y a mí me daba una cierta tranquilidad. Algunos cuantos de sus trabajos poseían un dueño y otros pertenecían a mi colección. Sin duda la carrera se estaba corriendo con cuerpo de araña. El terreno artístico se
había convencido que había un hombre que fabricaba arte pulsando un botón. Se sabía que lo habían descubierto pulsándolo y que lo pulsaría con éxito las veces que se le demandase. La ocasión más interesante surgió cuando un productor de televisión se comunicó conmigo porque consideró de interés público, no solo para la mesa del arte, la intervención de mi artista en uno de sus programas más populares. La noticia me llevó a besar a mi hombre aunque yo solo hacía pactos con su nariz; las periferias eran de nadie y menos de él. Nos presentamos muy temprano porque así lo requirieron; querían hacer un trabajo fino y contundente. Era posible que en televisión se confundiera lo divino con lo grotesco. Durante todo el programa anunciaron su presencia. Evidentemente guardaron su entrevista para el cierre. Dejé muy claro que era un hombre que había sido abandonado por su voz, por lo cual trataran de evitar la mayor cantidad de preguntas. Al comenzar la entrevista, su palidez no era tanto como la de un cerdo sino como la de un animal más bonito. Incluso su mirada -por primera vez- se posaba sobre personas, objetos y acciones; algo le generaba placer en todo esto. Extrañamente, después de tantos rodeos, lo estaba conociendo junto al mundo y él se estaba expresando de una sola vez para todos. No tenía explicación para aquello que le felicitaban, tampoco tenía la mente enfocada en su vida como tampoco tenía una silla en la que volver a sentarse. Hizo un comentario tan curioso que me regresó a imágenes pero con diferente tacto. Dijo que para lograr cualquier cambio importante primero hay que empezar por usar los pantalones en la cabeza. Yo no lo sabía hasta el momento. Sí sabía que era todo un nuevo lenguaje el que estaba empleando, desde la boca hasta el rechinar de sus rodillas, pero no sabía que se estaba despidiendo. La cámara primero abrió sus branquias y luego se devoró todo lo que latía fuera del cuadro sostenido por su nariz. El arte, en aquel instante, estaba recluido en la relación de un dedo y su amo. Con tan solo quitar un poco de esa espuma con sombra de ángel hubiéramos puesto nuestras mejillas al servicio de las caricias. Sin embargo, no había más que una fútil y débil mucosidad temblando en su dedo, provista de humedad y enfermedades. Primer plano del mismo y las personas de todos los rincones sintiendo algo al respecto. Años más tarde, nace la expresión que tan comúnmente describe lo que somos capaces de errar: “Me mandé un moco”.
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Con el fin de cometer la menor cantidad de errores posibles, me dispuse a detallar parte de las vicisitudes que a mi gusto encierra el inmortal concepto de error. Como génesis cristiana podría hallarse en el momento en que Adán y Eva se mofaron de cualquier recomendación divina para dar los mordiscos más erróneos que una manzana haya implicado alguna vez (quizá el verdadero error recaiga sobre el creador de esa serpiente persuasiva). Para la ocasión, germiné una máxima un tanto abstracta e híbrida: “No importa que de errores estén hechos los espacios donde nadie decide el curso de las cosas”.
Por Gonzalo Aguerrido
Ilustración Carola Miguez
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El error como fundamento holístico-universal: Nada más abarcativo que el error La Real Academia Española acusa de error a un “concepto equivocado o falso”, una “acción desacertada o equivocada”; por último, es denominado como “una cosa hecha erradamente”. Desde ya que son poco arriesgadas estas consideraciones, pero a su vez no dejan de formar parte de las bajadas que puede contemplar. Hete aquí algunos fermentos del concepto de ocasión. Indaguemos si es factible abusar del poder del error y salir ileso. Evidentemente no hablaríamos de error sin adulterar una cierta realidad, por lo que todo sigue ileso o todo esto implacablemente fue otro error, con suerte no tan involuntario como sí humano, empero consecuencia lógica de querer conjeturar todo erróneamente. Quizá un error sea intentar redondear con sentidos el significado de nuestra palabra analizada. Quizá se trate de algo tan abarcativo que puede escurrirse por cientos de estúpidas hendijas que escapan a una visión particular. No hay que olvidar que al hablar de “error” no dejamos de referirnos a una mera sensación (tuya o de ella), que seguro precede a la antiquísima creación de su primigenia y acotada acepción: la creencia de que algo no ha sido bien racionalizado desde algún punto y que hizo que el acto consumado se traduzca en un error (grave o no, perdonable o no, solucionable o no, visible o in). Al fin y al cabo, se presume que hubo más errores señalados por terceros que los que sucedieron en sí. Un error podríamos ser todos nosotros o muchos de nosotros. Un error podría ser el modo en que llegamos a la muerte. Otro más fatal pudo haber sido la posibilidad de ser inmortales incluso. Ojo que todavía me creo en condiciones de ostentar inmortalidad, aunque pendo de un error vital.
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El error como arma letal Perceptores del talón de Aquiles de aquellos que trabajan rivalizando, supersticiosos del error ajeno para beneficiarse de esos defectos prójimos, algo además sencillo de observar también en los ámbitos políticos. Incluso el mismo periodismo se ufana intentando detectar aquellos discursos que se les presentan como “poco felices”, para descontextualizarlos y darles otro tinte que bien favorezca a sus asociados (y sus respectivos intereses), dejándonos ver ciertas trapisondas que “podrían” (como siempre lavándose las manos) utilizarse para inculpar a los rivales de turno. Digamos que el error aquí es una búsqueda exhaustiva; son los actos fallidos que encontraron en el discurso enemigo. En el círculo vicioso de las informaciones hay ciertos sectores que operan luego de definir, claramente, cómo y de qué forma van a ser expuestos y manipulados los alcances posibles del error de la competencia. Por caso es conocido el cruce interminable que vienen teniendo los empresarios y periodistas afines a la productora PPT (cuasi empleados estatales), contra las acciones monopólicas que han caracterizado a otro poderoso como es Grupo Clarín, sin olvidar que antes PPT era una de los principales mentores entre los programas que emitía Canal 13. Un par de años después podemos afirmar que los errores mutuos han sido muchos, dando como resultado una cruenta guerra mediática que llegó a puntos insospechados, con trasfondos políticos indiscutidos y sabidos por casi todos. Consideremos fugazmente la causa sobre sustracción de bebés que tiene bajo el ojo del huracán a la Sra. Ernestina Herrera de Noble desde el año 2002, cuando comenzó el juicio (impulsado por una denuncia de las Abuelas de Plaza de Mayo). A partir de entonces se han suscitado una serie de potenciales errores que de comprobarse le darían paso a nuevos-viejos errores que podrían aminorarse o empeorar ya sea por la verdad o la falsedad de lo es grimido por la polémica empresaria.
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Ella asegura que en 1977 adoptó dos menores, aunque nunca se preocupó por constatar que podían ser hijos de desaparecidos, o en el peor de los casos jamás le importó y omitió esta situación, quizá favorecida por el tentador error que podrían haberle propuesto las autoridades nefastas de ese entonces. Marcela y Felipe Noble son el núcleo de un supuesto error que aún no se clarificó del todo. Lo cierto fue que los presuntos hijos de la principal accionista del Grupo Clarín se negaron a hacerse los análisis para conocer su ADN sin que podamos dilucidar si fue una decisión propia (o una postura inducida por su “apoderada”). Así y todo, finalmente se hicieron los estudios pero los mismos quedaron invalidados ya que no los hicieron en las sedes correspondientes para tal fin, optando entonces por no cumplir con los procedimientos legales. El arresto domiciliario de la Sra. Herrera de Noble emerge como un signo negativo con respecto a sus innumerables errores para fundamentar cómo fue que logró la tenencia de estas personas en pleno Proceso de Reorganización Nacional. Me preguntaba, quizás erróneamente, sobre estos vástagos: ¿Aman el pseudo-cautiverio? ¿O temerán que al enterarse sobre determinados sucesos del pasado, sus vidas pasen a tener un cambio tan radical que a duras penas sus mentes podrían soportarlo? Cualquiera sea la respuesta, seguro estará fundada sobre algún error…
para incluirlos en su libro llamado “Shimriti”. Ello nos muestra cómo un error, ya moral a esta altura, se sostiene a lo largo del texto pretendiendo permanecer tácito y generando una nefasta complicidad entre el autor y su “propio” texto. Estamos ante un punto de osadía tan extremo alcanzado por este sujeto al que no sólo se le ocurrió “cooptar” de una edición escrita en su mismo idioma (éste), sino que además infravaloró la intelectualidad de sus lectores; al menos menoscabó a un amplio abanico de los mismos. Por su parte, su colega española prefirió solamente exteriorizar su resignación en detrimento de reclamar la autoría de sus frases sutiles y penetrantes. Sin dudas que Bucay es un caso sobrado del error de cálculo porque lo que hizo nunca llegará a quedar indultado del todo. Pensemos en cada persona que se tope con aquel libro suyo y que desconozca que fue prácticamente un plagio en su totalidad (70 páginas es lo que se estima que timó). En conclusión, ese lector despistado e inocente se verá inmerso en un mundo intertextual que lo va a nutrir (pensemos que son libros de autoayuda) desde una óptica errónea, ya que una cosa es lo que Bucay pensó y otra es lo que dispuso como central en “Shimriti” y que en realidad proviene de otro libro que ya había sido escrito antes de su aberración literaria. Según Bucay, “fue un error absolutamente involuntario”. Creer o reventar… Pum.
El error de cálculo
El error de acertar (que podría ser ley)
Pregúntenle a la historia del deporte sobre esto; a José Pekerman sobre por qué no puso a Lío Messi ante el local en los cuartos de final del mundial de Alemania 2006. También podemos increpar a los ministros de economía que tuvo Argentina. Asimismo, podemos indagar a los millones de hombres y mujeres que se divorciaron a poco menos de un año de haberse jurado amor y protección “hasta que la muerte los separe”. A este tipo de atenuantes podríamos llamarlo “error de cálculo”. Guarda que el error también puede ser adrede si tomamos en cuenta las variables con las que la ciencia maniobra para alcanzar verdades irrefutables, por mínimas que sean, incursionando en la dinámica de la “prueba y error” con el objeto de establecer nuevos paradigmas, siempre experimentando y confiando en que un determinado error se traducirá en una verdad específica. Hasta vemos que aquí el error es casi en su totalidad positivo y además funciona como motor a la hora de seguir probando e intercambiando factores con el fin de llegar a conclusiones que luego ya no necesitarán de la experimentación (a priori). Recuerdo también al ¿escritor? Jorge Bucay. Remitámonos a su GRAN error, cuando en el 2005 se abocó a copiar y pegar varios párrafos del libro “La sabiduría recobrada” de Mónica Cavallé para incluirlos en su libro llamado “Shimriti”. Ello nos muestra
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caries, quiénes se manifestaron en mi boca a través del error de no lavarme asiduamente los dientes. Hablamos de error cuando, por error, nos descuidamos en nuestra capacidad de cerciorarnos previamente para llevar algo a cabo. En mi caso, seguir comiendo y bebiendo como si nada, como si los dientes fueran espectadores desgarradores que no necesitan cuidado alguno. Bien lo dijo alguien: “errar es humano, embocar es divino”. Como podemos ver, coexistirán infinidad de errores a lo largo del tiempo imposibles de englobar; mucho menos aún los que están por venir y que desde ya exceden a cualquier pluma terrestre.
Como el que pudo haber registrado el tono agudo y meloso de Beto Cuevas, sobre algún error amoroso o bochornoso en que solemos recaer como misóginos que intrínsecamente somos (mayoritariamente), donde el chileno berrearía inspirándose en el recuerdo de una vieja infidelidad que ameritó un tal arrepentimiento que devino en canción, procurando desde ya que su utilización sea exclusivamente para emocionar a miles de miles de hormonitas latinoamericanas. Convengamos que en el fondo eso no sería un error sino un acierto artístico/comercial. Pensemos además en que el error, ante todo, es una posibilidad. En la idoneidad para actuar reside la detección de un error; en la no detección residirán más errores todavía.
El error desde un punto de vista personalísimo En mi caso -y por último- voy a aseverar que es un grave error (bucal) el hecho de no ir al dentista durante más de cuatro años, con el aditamento de no estar habituado a la higiene dental. Más imberbe aún es retornar a ser atendido por un profesional, que ante tal desorden en mi dentadura optó por machacar encima de las zonas donde el dolor puede subyacer a estas palabras. En fin, es una macana para la salud el dejarse estar. Evidentemente estuve dándole paso a las
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Pedido de Rescate a la humanidad -La presión del imaginario social en los trastornos alimenticios-
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Esto no es la novela perturbadora de una ex bulímica, ni un testimonio estrictamente emotivo que tiene la intención de hacer llorar a todo el mundo. Escribo solamente porque ya no me puedo quedar de brazos cruzados esperando que el mundo cambie. No puedo seguir luchando sola, necesito sentir que al menos hice algo para entrar en diálogo con el mundo y grité mi pedido de ayuda. Un grito por mí y por todos los que están en la misma que yo, que no son pocos. De hecho, son muchos más de los que uno imagina.
Soy una de las millones de personas que hoy intenta superar un trastorno alimenticio. Día a día lucho por sacarme de encima los siete años de padecimiento oculto de esta enfermedad y los dos años de tratamiento terapéutico y trabajo forzoso para “desocultarlo”. Hoy celebro que, después de varias recaídas, finalmente llevo doscientos cincuenta y dos días invicta de mis síntomas y estoy parcialmente dada de alta. Doscientos cincuenta y dos días “limpia y sobria”, como diría un adicto. Porque esta enfermedad es una forma más de adicción, con el agravante de que un adicto puede -y debe- dejar de tomar alcohol o drogas (sin subestimar la dificultad de este proceso), pero las personas cuyo problema es la comida, no deben –ni pueden- dejar de comer. Hemos de convivir con el foco del problema todos los días, y re-aprender, como un bebé, a vincularnos con ella. Lo único que se debe abandonar por completo es el comportamiento de compensación, en el caso de la bulimia: los vómitos, laxantes, diuréticos o el ejercicio excesivo. En esos casos, sí se trata de “drogas” que evitan la culpa y los problemas; evitan sentir y decir. Lo no dicho. La “a-dicción”. Bienvenidos al mundo de las pequeñas pero peligrosamente poderosas mentes retorcidas y comple-
jas que viven en los cuerpos enfermos de bulimia y anorexia. Bienvenidos al sufrimiento constante, a no poder disfrutar de nada, ni de nadie. Difícil de creer, pero se los dice alguien que durante casi nueve años no disfrutó de sus encuentros familiares y sociales, ni siquiera de sus propios cumpleaños. Alguien que durante años en la secundaria usó medias reductoras de talles debajo del uniforme. Durante años se sintió gorda y rechazada por los demás. Y digo “se sintió”, porque hoy sé perfectamente que ese sentimiento no era más que una distorsión de la realidad. Y aún cuando ya no se sentía gorda, ni fea, aún cuando su cuerpo se vio mejor, continuó igual de enferma, sufriendo cada vez que debía sentarse en una mesa llena de comida, sufriendo cada vez que se exponía a los ojos de los demás. Por más difícil que resulte decirlo, y a pesar de que los terapeutas insistan con que no ha sido una mentira intencional, hoy puedo bajar la cabeza y admitir que durante nueve años “oculté la verdad” a las personas que más quiero con tal de salirme con la mía. Y salirme con la mía significaba pasar por una farmacia con la excusa de tener que comprar cualquier cosa y así obtener mi “droga”, para luego pasarme toda la noche vaciándome hasta de las ganas de vivir.
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Y hasta acá llego con la historia personal, para cumplir con mi propósito de no dar un simple testimonio desgarrador. Además, no es mi intención adentrarme demasiado en el sufrimiento directo de los síntomas de esta enfermedad, porque no quiero provocar más lástima de la que a veces yo misma me he dado. Lo que quiero hoy es transmitir un mensaje a todas aquellas personas que tienen el poder (y no hablo de “poderosos”, hablo de vos) y la capacidad de hacernos un poco más fácil la recuperación. A los que hasta podrían evitar que esta enfermedad se siga propagando como una epidemia. Creo firmemente que la clave está en prevenirla, y no sólo con campañas publicitarias y charlas en los colegios. Eso sería un buen punto de partida, pero lo más importante es prevenirlo haciendo un cambio mucho más profundo e individual. Peco de idealista, siempre fui así y probablemente eso intensificó mi obsesión por tener un cuerpo perfecto, pero aunque sé que hay varios factores familiares y psicológicos que propician el desarrollo de un trastorno de este tipo, creo que la sociedad, el consumismo y la modernidad no hacen más que echar leña al fuego. Estoy intentando salir de esto con todas mis fuerzas, pero basta con prender la tele o salir a la calle para recibir un bombardeo de estímulos que se transforman en piedras que dificultan el camino. No quiero aislarme, no quiero tener que recuperarme encerrada, y tampoco quiero vivir con pensamientos negativos hacia los demás y hacia el mundo. Por eso hoy transmito mi mensaje a todos ustedes. Y no pido una utopía, sino un sutil cambio de conciencia a la hora de pensar, decir y actuar. Pido por favor, y lo ruego de rodillas: basta de permitir que los cuerpos perfectos sean lo que más vende, lo que más rating da. No sólo en la tele, sino también en la vida.
Porque no es culpa de los medios de comunicación; ellos venden sólo lo que saben que nosotros compramos. Lo compran los hombres por deseo y lo compramos hasta las mujeres, por competencia y envidia. ¿Acaso no nos damos cuenta de que esos cuerpos no son reales? Esa mujer que se vende así en los medios vive para, por y de su cuerpo. Pasa horas en gimnasios, eternos días a régimen y probablemente ha pasado más de una vez por el quirófano. Está casi tan enferma como yo. Y ¿para qué? Para hacernos creer a todas las que llevamos otro tipo de vida, que si queremos que los hombres nos miren como a ella, o que siquiera nos miren, tenemos que hacernos del tiempo y la energía para intentar aunque sea acercarnos a ese ideal. Y si no, claro, nos cambiamos al plan de prepaga más caro, o un novio/marido con mucho dinero nos paga la cirugía de regalo de cumpleaños. He escuchado esa historia mucho más de lo que me gustaría, y me indigna. Pero, el bombardeo no viene solamente de parte de los medios. Lamentablemente, cuando entrás a un quiosco buscando disfrutar de un rico chocolate o golosina, tenés siempre al lado un producto, seguramente envuelto en algún tono de verde, que acusa tener muchas menos calorías, azúcar y grasa. Y sos capaz de dejar de disfrutar de un chocolate sólo para no engordar. Porque eso es lo que esos productos verdes quieren: que te importe, que los compres para sentirte flaca, para verte espléndida y comer sin culpa. Propagan y promocionan la enferma obsesión por la imagen. Y ni hablar de los centros de estética y gimnasios. Gracias. Realmente, gracias a todos ellos por generar mujeres que malgastan fortunas incalculables para verse mejor, sacarse la celulitis y marcarse los abdominales. Sé perfectamente que hay que hacer un poco de ejercicio para gozar de buena salud, pero me refiero a la invasión constante de propaganda a favor de vernos espléndidas para ser felices. Así podría seguir, con interminables ejemplos. Pero con esto alcanza para sostener mi argumento, y el resto lo dejo a conciencia del lector. Nos han metido un chip en la cabeza. Una preocupación que crece y crece, y a veces enferma. Muchas veces enferma. Hemos llegado al día en que los trastornos alimenticios no atacan sólo a las mujeres, ni
específicamente a las adolescentes. Atacan a hombres, a niños y niñas que ni siquiera son adolescentes, y a personas de hasta más de 60 años. Hemos llegado al día en que ya no solo se habla de bulimia y anorexia, sino también de “trastornos parciales”, en los que los pacientes no manifiestan todos los síntomas, pero sí algunos de ellos. Señoras y señores, con ustedes, una epidemia. Con todas las letras. Una epidemia creada y propagada por el hombre. Me preocupa, mucho. Y no sólo por mí. Yo ya estoy encaminada, y por más que me cueste muchísimo, ya no voy a dejar que esto me arruine la vida. Con mucho esfuerzo, contención terapéutica y grandes pero lentos cambios a nivel cognitivo, he recuperado las ganas alegres de vivir y la capacidad de proyectar y desear mi futuro. Me preocupa por los que vienen después de mí. Por los que están a punto de caer, por los que están en este preciso momento a punto de meterse los dedos y vomitar o quien acaba de saltearse una comida adrede. Por los que dejan que este chip ocupe en sus vidas más espacio del que debería. Por favor, es un mínimo cambio de actitud. Mujeres, gustémonos así. Hombres, deséennos así. Miremos más allá. Un poco más adentro de la piel y la grasa corporal, la cual en su justa medida, es SANA. Los estímulos de afuera no van a frenar, pero está en nosotros seguir comprándolos, creyéndoles; seguir dejando que nos afecten y nos enfermen de superficialidad. No espero cambiar el mundo, ni que todos me oigan y se sientan modificados. No es tan ambicioso mi objetivo. Me alcanza con haberlo manifestado. Si no lo hubiera hecho, me sentiría en falta con el universo. Porque nada me resulta más transformador que encontrar un aspecto positivo a todos estos años de sufrimiento; una misión en el mundo a partir de mi experiencia, convirtiéndola en la posibilidad de prevenir y ayudar, o al menos intentarlo.
Gracias a vos, que lo leíste todo. Gracias por escucharme.
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El noble traspie de no saberse caido Biografía de autor para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero (*) Ilustración de Nicolás Gadda Thompson Nací en el caluroso verano del año 1936 y comencé a escribir en forma consecuente desde que cumplí los ocho. Cuando todavía vivía con mi madre y mis dos hermanas en un viejísimo PH de Paternal, hice un curso de dirección teatral en la Escuela Municipal (no he retenido los apellidos de mis profesores, pero recuerdo que uno de ellos se llamaba Héctor y a otro le decían Chulo cariñosamente). Varios años más tarde, después de recorrer el interior de la provincia como cadete en una empresa frigorífica (yo me encargaba de mantener siempre la temperatura de los acoplados entre los -7,5 y los -8 grados centígrados; de ahí esta tosecilla crónica que acompaña mi salud adonde quiera que voy) me recibí de Psicólogo Social en la Escuela de Pichón Riviere. A Pichón lo pude ver dos veces: en el acto inaugural (en el final estaba en un congreso en las Bahamas) y en el baño del bar que se encontraba en frente de la Escuela (me pidió papel y yo se lo di). De mi trayectoria en el teatro tan sólo puedo decir que estrené dos obras: “Coxis” (1977) y “La Máquina de hacer churros” (1985). Pero escribí dos obras más que aún no fueron estrenadas. He publicado artículos en algún periódico y escrito dos ensayos, uno sobre las varias formas del fracaso y otro sobre cómo cortejar a una mujer oriental. Tengo cuatro novelas sin publicar y estoy escribiendo una quinta. La gente no entiende por qué lo hago. Yo tampoco realmente. Supongo que es como defecar: si no la expulso de mi sistema, se pudrirá dentro y me dejará terribles secuelas psicológicas. Desde octubre del 2003 hasta octubre del 2004 he vendido más de 6500 ejemplares de mi primer fascículo “Garabatos de la mente” de entrega inmediata al público en la línea D del subte y en el ramal Mitre del tren interurbano. Además, calculo que lo han ojeado unas 200.000 personas.
(*) Este patético relato autobiográfico es real. Se trata de la transcripción casi literal –el respeto por un caído nos impelió a retocar ciertas asperezas- de una introducción al librito de poesías de aquel vetusto y anónimo escritor (anónimo para nosotros, al menos) que recorría los vagones del tren Tigre-Retiro allá por mediados de la década que ya no está con nosotros. 52
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-Homenaje a Bach de finales a principiosLa sensación de dejâ vú se presenta a cada instante. Me sucedió en Galicia, Londres, Madrid; lugares a los que iba por primera vez pero que reconocía gracias a mi padre que los visitó y me transmitió sus experiencias desde pequeño. No fue así cuando viajé hace unos años a Alemania; no tuve esa referencia paterna porque fui directo al Este del país, el cual durante mucho tiempo fue zona vedada a los “occidentales”, como era mi viejo. Caí del otro lado de la “Wall”; cuestión de reparto de los poderosos, que además se jactan de hacer y deshacer.
Una losa y una flor
Por Pepe Campos, Mar Grande Ilustración de Ana Casaretto 54
La falta de dejâ vú es el mismo tipo de desorientación que me sucede en las ciudades en las que no cuento con la complicidad del agua, ya sea el mar, un río, un lago, al menos canales pluviales para ubicarme. Aterricé en la ciudad de Leipzig con bastante desconocimiento también de su historia, su patrimonio, sus nativos y residentes ilustres. La primera mañana salí a dar un paseo solitario y me encontré con un casco histórico impecable, reconstruido por obra y gracia de la reunificación alemana. Era un deleite para la vista y el espíritu. Debido a mi ineptitud con la lengua de Goethe y a la imposibilidad
de usar mi “inglés-esperanto” que allí se estila bien poco, se me dio por desafiarme y usar el instinto y los sentidos para recorrer esta hermosa ciudad. Lentamente fui mirando con 10 ojos y sin preguntar nada, embelesado. Así fue que entré en una iglesia de la que desconocía su nombre (era la de Santo Tomás, nada menos). De pronto, en uno de sus laterales –del lado de afuera- vi una estatua alegórica de Johann Sebastián Bach. Lo máximo que se me ocurrió pensar fue que él habría estado por allí. Luego, mirando el hermoso órgano y el interior en general, recordé que Bach falleció en Leipzig y me preguntaba dónde estaría enterrado, dónde 55
estaría su tumba. Repentinamente, cerca del altar, en el presbiterio, giro a la derecha y encuentro a dos metros de donde estaba parado una humilde losa de mármol oscuro en el suelo, con una flor viva dejada allí por algún alma generosa (una rosa o un clavel, me cuesta recordar con justicia). Solitaria y hermosa, la losa estaba grabada con unas simples palabras: Johann Sebastián Bach 1685-1750. Casi me desmayo… A veces los símbolos son mágicos -en este caso un mármol con un par de palabras y números, una flor- pues la sola visión de su tumba sin alardes me hizo resumir, representar, sentir y visualizar espiritualmente la gigante dimensión humana de este músico para el que tuvieron que pasar muchos años desde su muerte hasta que la posteridad se maravillara con su obra. En aquella época, su estilo florido no era moda, era anticuado, solo se lo conocía como un virtuoso del órgano y poco más. En mi caso también tardé años en valorarlo como correspondía, y eso que ahí estaba su música que hacía tiempo escuchaba y estudiaba. Así y todo, tardé.
Como caníbales inconscientes
La única prueba palpable de la inmortalidad que tuve y tengo en la vida es que alguien que ya no está “circulando” entre nosotros me transmita una emoción, a través de su recuerdo, alguna palabra, una obra de arte, su imagen, su sabiduría, su virtud, su lucha, su actitud, su humor,
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su picardía, su fortaleza a pesar de las debilidades, su entrega, su ejemplo, su antiejemplo, su descubrimiento, su ayuda; en fin, también a veces su música. Quizás tardamos en reconocerlo o ni siquiera eso: es algo inconsciente que nos alimenta como caníbales. Y así son inmortales nuestros antepasados, nuestros padres cuando ya no están, amigos, grandes artistas, personas “comunes”, quien sea que nos emocione, que produzca en los vivos un movimiento interior, incluso por carácter transitivo.
Weimar
Como siguiendo los pasos del gran J.S.Bach (el más destacado a la postre de una familia de músicos; siete generaciones desde 1500 a 1800, al menos 52 de ellos importantes) y partiendo desde 1750 -año de su fallecimiento- hacia el pasado, hice una parada en la ciudad de Weimar. Allí residió en dos momentos distintos de su vida. Fue violinista en el primero y luego organista, concertino de la orquesta y compositor: 30 cantatas, obras para órgano y para clavicémbalo. En Weimar, también, nacieron algunos de sus 20 (veinte) hijos. Por la época en que estuve allí, a Weimar se le había dado el título de Capital Cultural de Europa, una especie de “cinta azul de la culturalidad” que cada año se otorga a una ciudad distinta, en este caso bien merecidamente. Weimar es uno de esos lugares “magnéticos” por donde pasaron, nacieron o residieron personajes
ilustres de diversos ámbitos (como sucede en Cadaqués, Cataluña, con pintores como Dalí, Picasso, Miró... hay algo que se vibra en el lugar). Este fenómeno es algo más lógico en megalópolis como Londres, París, New York, incluso Bs. As. Pero Weimar no es el caso, pues es una muy pequeña ciudad. Cito algunos ejemplos ilustrativos de épocas diferentes en Weimar: escritores como Goethe, Schiller; pintores como Cranach “el viejo”(que en el siglo XV, destacó por sus desnudos femeninos), Albers (dibujante de la Bauhaus), el francés Jean Arp; músicos como Liszt, J. S. Bach, Carl P. E. Bach (3º hijo de JOSH., precedente del Romanticismo musical), Huméela, Joachim; filósofos como Nietzsche; arquitectos como Gropius (Bauhaus); o polifacéticos como el Premio Nobel de la Paz Albert Schweitzer(médico misionero luterano, musicólogo y gran impulsor en el siglo XX de la obra de Bach). Uno va por las calles de Weimar descubriendo el espíritu de tantos notables. Una vez más “la casualidad sólo es posible de casualidad”. Algo sucede con esa ciudad.
El sendero del organista
Fue una corta y profunda parada en mi viaje en tren de camino a Dosdorf, pequeña villa de Turingia cercana a Erfurt y vecina de Arnstadt. Allí una pequeña placa recuerda el paso de Bach. Fue en aquel lugar donde comenzó a desempeñarse como organista en una capilla
diminuta como tantas otras de la zona. Eran épocas en que realizaba largas caminatas -kilómetros enteros- para escuchar al renombrado organista danés Buxtehude, la influencia más notable de Bach en el arte de este instrumento. Entre la pequeña localidad de Dosdorf y la de Arnstadt hay 7 kilómetros. Aunque lleva su tiempo para nosotros que siempre estamos apurados, se los puede caminar sin problemas. Lo hice solo y en silencio, siguiendo un arroyo entre árboles del característico bosque turingio, cuyo entorno revela un paisaje sonoro supongo que similar al que acompañaría a Bach en sus caminatas del siglo XVIII (poco pudo cambiar; se trata de Alemania). Otra revelación “casual” para mi ignorancia lingüística por esos días fue enterarme que Bach en alemán significa nada menos que “arroyo”. O sea que si lo traducimos al castellano, su nombre sería “Juancito Arroyo”, con perdón por el atrevimiento, (aunque reírnos con él nos acerca al personaje, ¿no es así?). Estoy seguro que estuvo allí, caminó por allí, escuchó las aguas de aquel arroyo, el canto de los mirlos, el silencio del viento en calma, algún cencerro lejano y, si bien se dice que su inspiración era profundamente religiosa, qué mejor manifestación para la fe luterana que acompañar a los oídos con los sonidos que a mí me rodeaban en ese momento y que con sólo recordarlos le entregan a mi alma, música. Su música.
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La belleza es la regla
Cuando estudiamos armonía en los conservatorios, tenemos como material esencial de análisis a los corales de Bach. Ellos nos revelan reglas clásicas-básicas (el movimiento de las voces en la prohibición de las 5ª y 8ª paralelas, por ejemplo), reglas que sin embargo él mismo abandonaba a menudo porque su criterio estético lo guiaba cuando debía hacerlo, como sucede tal vez con Beethoven y la forma “sonata”. Esto nos da la clave de un método para cuándo acatar normas y cuándo no, en éste y otros ámbitos: conocerlas y tener criterio, renunciar a ellas si es necesario. Eso nos da libertad. Dichos corales eran encargos semanales -como las misas, las cantatas- labor que completaba con la educación de los alumnos a su cargo, cuya instrucción le ocupaba incluso en el control de la higiene de los mismos (entre una obra maestra y otra se le escuchaba decir: “Niños, ¿a ver esas uñas?”). Justamente Beethoven, años después, fue el primero que vendió su música compuesta a editores. Hasta entonces el músico profesional era apenas un sirviente, a veces más, a veces menos ponderado, al servicio de un noble, un miembro del clero, un poderoso. Así le fue a Mozart queriendo adelantarse a su tiempo; no era la hora aún. Aunque no sé si en el fondo la historia ha cambiado…
Expresar o no expresar, he ahí la composición
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Todos estos datos biográficos que me estoy recordando sin extremado rigor los reúno porque en realidad me sugieren enseñanzas y emociones muy interesantes. Encuentro, por ejemplo, un abismo inmenso entre su grandeza para con la humanidad y la humildad para consigo mismo; su ceguera (de los ojos digo, claro) que al fin lo llevó a su muerte tras un intento de cura a través de una operación fallida, ceguera que provino tal vez de sus arduos estudios y transcripciones a la luz de una vela por la noche, a escondidas, pues él no sólo quería aprender sino que lo necesitaba; eso se dice. Su erudición en la música comparada (a la que llegó estudiando a los italianos, franceses y otros músicos), su papel en la culminación de una época sin que sus contemporáneos lo llegaran a apreciar, o su dominio del contrapunto que se evidencia en su obra, nunca están desprovistos de una sublime expresividad de sentimientos que sobresale en toda su obra y que es su verdadera esencia y legado. La intrincada red de voces de sus fugas -fruto de ese dominio técnicorefleja una belleza arquitectónica sólo comparable a los grandes monumentos clásicos. En sus suites, los movimientos lentos producen indefectiblemente una emoción directa y medular en el oyente. Al final de ese viaje -el mío- que en unos días me fue sumergiendo en la vida del gran músico, me dirigía a Colonia donde tendría mi vuelo de regreso a las islas Canarias. En pleno recorrido, el tren hizo unos minutos -uno, dos, cinco-
de parada en Eisenach, lugar donde nació nuestro querido Johan. Ya pronto anochecía. Salté al andén, pisé con fuerza e internamente me despedí de Bach en su ciudad natal, que también
-se me antojó- conservaba el espíritu de su tiempo (aún hay un colegio donde estudiaron él y –unos decenios antes- nada menos que Lutero).
-Homenaje a Bach de finales a principios-
Epílogo
En una semana recorrí su “humilde” existencia partiendo desde su muerte hacia su nacimiento, una metáfora que aún no resuelvo, pero que por algún motivo se construyó así: de Leipzig a Eisenach yo; de Eisenach a Leipzig él. Le bastaron esos pocos kilómetros para ser quien es. Años atrás fue mi maestro de flauta Alfredo Ianelli, destacado intérprete de su obra. Él me inculcó -sin saberlo- que más allá de dificultades técnicas que no lo son tanto al fin (al menos no son lo más importante), para interpretar la música de Bach se necesita de un acercamiento profundísimo a la esencia de la humanidad, acercamiento que obliga a prescindir de cualquier frivolidad sin excluir, por supuesto, la felicidad y el goce. Su música bien puede, por si sola, otorgarnos el orgullo de ser también -como él lo fue- seres humanos. El alma canta.
Agradecimientos: A Doreen, Zaida y Jörg, mis guías y anfitriones en este
y otros viajes y a Amalia que me hizo recordar que Mozart estuvo improvisando en el mismo órgano de Santo Tomás de Leipzig en el que J.S.Bach trabajó hasta su muerte. Ah, la eterna casualidad...
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Por Kevin di Serna
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Ya de muy joven me sentí sensible y detallista a la hora de observar
lo que me rodeaba; tomar ese determinado rol con todo lo que pasaba a través de mi ojos. Cada instante estoy fotografiando; no solo con cámara en mano, sino desde un plano mental, haciendo encuadres, enfocando, componiendo y ordenando elementos sin limitarme con ninguna teoría. Siempre me sentí rebelde en el plano del aprendizaje; quiero “educarme” a través de la propia experiencia, seguir mis propios patrones y, de alguna manera, ser mi propio maestro. Esa filosofía me hace completamente libre a la hora de crear.
Kevin di Serna
La fotografía tiene un significado muy amplio; registrar un momento creado por uno mismo y sumarle las posibilidades de manipulación a partir de la toma, la vuelve ilimitada. El hecho, por ejemplo, de poder transformar la noche en día con solo abrir el obturador por determinado tiempo, ya es pura magia. Esta rama del arte tiene aspectos interesantes que se van descubriendo durante el proceso de transitarla. Indiscutiblemente, a través de la cámara uno saca a la luz su interior y las cuestiones que allí existen. Es una herramienta hermosa para mirarse realmente a uno mismo.
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Actualmente me encuentro haciendo sesiones de fotos de estudio y exteriores principalmente a productores musicales. Respecto a este ejercicio, intento hacer una traducción del sonido del artista al estilo visual que lo identifique. También me estoy involucrando con marcas de ropa y la interacción que esta disciplina te lleva a tener con el modelo.
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Este arte me llena de sensaciones que difícilmente se pueden explicar con palabras. Me invita a volar y a descubrir que en el ojo humano existe un universo infinito donde reina la eterna danza de la luz y las sombras. Lo más importante, desde mi
perspectiva, es poder encontrar el equilibrio entre la mirada, la mente y el corazón. Ese punto sucede cuando ya la técnica a quedado de lado, o mejor, es parte intrínseca de uno. Entonces allí es el momento de romper ejes y estructuras.
¿Nos puede suceder algo más maravilloso que crear con absoluta libertad? Kevin di Serna
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Kevin di Serna
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Por July Napier Ilustración Clara Firmat
El derrame de peluquería sucede de la siguiente manera: una señora de una cierta edad apoya su cuello sobre el hueco duro de la pileta donde una señorita más joven y robusta le lava suavemente el pelo. Si se hizo color, se queda más tiempo con la cabeza estirada para atrás. En ese momento se le corta el flujo de sangre al cerebro, se hace un coágulo y ¡plum! La señora se ha hecho su último baño de luz. Ahora luz es todo lo que ve. La recepcionista llama a una ambulancia que llega tarde. El diagnóstico final: hemorragia interna cerebral o, como dirían las enfermeras, derrame de peluquería. También existe el infarto de tristeza, un término para los paros cardíacos que sufren los recientemente enviudados. Estos casos existen, están documentados y en Estados Unidos llevan el nombre de Broken-Heart Syndrome o Síndrome del Corazón Roto. No se puede vivir del amor, dicen, pero fácilmente se puede morir de él. También los melones se deben lavar por fuera antes de comerlos porque la bacteria E-Coli puede vivir en la superficie, y los mosquitos del Dengue te pican adentro de tu casa y no fuera, y si te duele mucho la cabeza es importante poder llegar al pecho con el mentón para descartar una meningitis. Todas estas cosas yo las sé. Estas y muchas más, no porque soy médica sino porque soy hija de locos que tampoco son médicos. Todo esto, todas estas muertes y bacterias y virus y síndromes me dan lo que, en este país, se llama un ataque de caspa. Es decir que tengo caspa. Por eso uso un shampú especial y voy a la dermatóloga, y cuando mis pensamientos son tantos que no los puedo contar ni por milisegundo, me caen cachos de piel que parecen avena. Es en ese momento que me entrego al mal. La cortisona existe en pastillas, gotas, inyecciones, para aspirar en aerocámaras. Su misión única es desinflamar. Magia pura. El niño que no respiraba de repente inhala, el intestino que no digería en horas se calma y pasa la comida, la cabeza que picaba no pica más. Pero como
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todo médico sabe, la cortisona no cura: envicia, acostumbra, miente y maquilla. La betametasona capilar que me aplico viene en un frasco gotero, blanco e inocente como la mamadera de un bebé. Cuando me lavo los dientes la miro sobre el estante. La doy vuelta para no leer las letras. Aparte de la caspa, tengo hijos, y mis hijos se enferman. Comen sanos, duermen tapados, no salen afuera cuando hace frío, son amados, pero se enferman igual. Y ellos también toman cortisona. La rutina es básica: síntoma (tos, moco, vómito, sarpullido, bronco-espasmo, fiebre), miedo (¿dificultad respiratoria?, ¿meningitis?, ¿convulsión febril?), y luego pánico. A veces llamo al pediatra y a veces a mi hermano, que sí es médico pero hace lo mejor para asustarme. Es una tradición familiar. Solía salir volando a la guardia del sanatorio. Con solo pisar una de sus baldosas untadas en gérmenes, me calmo. El niño en brazos suele no toser más. Este circo termina tarde y con chicos dormidos en el auto y un café de máquina y la adrenalina de hacer todo al revés. Hasta el día que di vuelta la credencial de mi prepaga y vi el 0-810 para emergencias. Yo me crié en un país funcional y duro. Nadie viene a tu casa, nunca, salvo que ya te hayas muerto y vengan
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de la morgue. No podía creer que alguien tocaría mi puerta para ayudar. Así empezó: a la noche, a la mañana, los feriados y el domingo. Yo llamaba y ellos venían. Los médicos a domicilio se visten de civil, llevan un pequeño maletín, usan ropa monocromática y zapatos gastados. Sus caras están cansadas, grisáceas, abatidas. Esta no es la carrera que soñaban. Trabajan demasiado; ganan poco. De algunos me hice casi amiga; o será que la fuerza de la repetición nos unió, como maestras y malos alumnos que se terminan queriendo. He abierto la puerta en pijama, con una beba prendida a mi pecho, con los pelos parados y con la casa tan desordenada que el pediatra no tenía donde sentarse. Pero vienen y no los dejo de llamar. Una noche mi hija tenía mucha tos. Sentía las alitas de su corazón latir más rápidamente que las mías y me temblaban los dedos mientras marcaba. Mi marido estaba de viaje. Eran las tres de la mañana y la noche sellaba la casa. Afuera, silencio y oscuridad. Adentro, la tos seca y crujiente. El timbre sonó a las cuatro de la mañana y bajé corriendo. Entró un hombre en sus cuarenta, morocho, vestido con delantal azul de hospital. Pelos sobresalían del triángulo de su escote. Me extendió la mano. Lastimaduras rojas cubrían sus brazos desde la muñeca hasta desaparecer por debajo de su manga. Me pregunté si no sería
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contagioso. Es un médico. Sabrá. Buscamos a la beba y la auscultó. Falso crup. Se sentó en la mesa de la cocina para escribir la receta; ella se durmió en mis brazos. “Vivo cerca,” me dijo sonriendo, “ésta es mi última visita de la noche.” La casa estaba a oscuras, salvo la bombita de la cocina. El médico se apoyaba en la silla, su espalda en el respaldo. No tenía apuro. La nena respiraba mejor. “Disculpá la hora,” le dije, a modo de decir algo. Me sonrió otra vez: “No te preocupes. ¿Sabías que estos episodios siempre suceden a la noche? Tiene que ver con los ciclos circadianos; hay una baja de la cortisona natural que nuestros cuerpos fabrican y siempre sucede alrededor de las cuatro de la mañana. Está relacionado también a los suicidios y a la violencia doméstica.” Cuatro de la mañana. Ya pasó la noche, casi, pero falta para la luz. Me pasa la receta: Betametasona en gotas para nebulizar. Me da la mano otra vez y miro las ronchas untadas con una crema blanca ya seca y dura como pasta de dientes. “¿Qué se la va a hacer?”, dice cada grieta. Parece algo crónico, doloroso. El tratamiento, sin duda, es cortisona.
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TRIENAL DE ARQUITECTURA DE LISBOA
PSICOPOLÍTICA EN
VIRILIO y SLOTERDIJK 15 y 16 de Enero de 2011
Conferencia internacional:
EL VÉRTIGO DE LA SOBREMODERNIDAD; CIUDADES DEL ANONIMATO Y TURISMO ETNOGRÁFICO Por el profesor Dr. Adolfo Vásquez Rocca (Universidad Complutense de Madrid – Universidad Andrés Bello UNAB)
Parte I
Partes II, III y IV en www.jambalayaweb.
Palabras clave: Ciudades, espacio público, consumo, intimidad, anonimato, turismo, ‘no lugares’, tránsito, acontecimiento, habitar. “El desierto crece”, Jean-Luc Nancy
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Conferencia internacional
Entre los seres humanos, en la esfera de proximidad familiar funciona un juego incesante de contagios afectivos que concurren simbiótica, erótica y miméticamente. Los seres humanos viven sintonizados en un círculo de proximidad, el de la fascinación del ser humano por el ser humano. Se trata de agitados vínculos afectivos y de un permanente concierto de transferencias. La interfacialidad no es sólo la zona de una historia natural de la afabilidad; desde tiempos muy tempranos la historia de los encuentros con el extraño fue también una escuela visual del terror.
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La escena original; el mito fundacional de la ciudad
Así, los seres humanos mutuamente seducidos componen un campo de vinculaciones convirtiéndose ellos mismos en operadores de múltiples influjos creadores de espacios, conformadores de esferas y asociaciones que van de los clanes a las comunas, de los pueblos a los imperios, hasta los Estados Nación, cuyos parlamentos y mundos asesores, practican aquello que después se llamará política y que no es más que una forma cultural del “hábito de hablar a gritos”. Vayamos a la escena original: hay hombres reunidos, y alguien que les narra un relato. No se sabe aún si estos hombres reunidos forman una asamblea, si son una horda o una tribu. Pero están reunidos y escuchan el mismo relato. No se sabe aún si el que narra es uno de ellos, o si es un extranjero. Decimos que es uno de ellos, pero diferente a ellos, porque tiene el don, o simplemente el derecho –a menos que sea el deber– de relatar. Ellos no estaban reunidos antes del relato; es la narración del relato la que los reúne. Antes, estaban dispersos enfrentándose sin reconocerse. Pero uno de ellos se inmovilizó, un día, o tal vez vino de improviso, regresando de una prolongada ausencia, de un exilio misterioso. Se inmovilizó en un lugar singular, aparte pero a la vista de los demás, en un monte o en un árbol hendido por el rayo, y emprendió el relato que reunió a los otros. Les narra la historia de ellos, o la suya propia, una historia que todos saben, pero que sólo él tiene el don, el derecho o el deber de relatar. Es la historia de su origen, es por tanto también la historia del comienzo del mundo, del comienzo de su asamblea, o del comienzo del relato mismo. El narrador habla, recita, canta, es su propio héroe, y ellos son por turno los héroes del relato y quienes tienen el derecho de escucharlo y el deber de enseñarlo. El narrador les reparte esta lengua. Es una escena muy antigua, inmemorial, y no tiene lugar una vez, sino que se repite indefinidamente, con la regularidad de todas las reuniones de hordas, que vienen para conocer sus orígenes como tribus, fraternidades, pueblos, ciudades – reunidos alrededor de fuegos fatuos en la noche
de los tiempos, y que no sabemos aún si están encendidos para calentar a los hombres, para alejar a las bestias, para cocer los alimentos, o para iluminar el rostro del narrador, para hacerlo visible mientras dice, o canta, o interpreta el relato (quizá cubierto con una máscara), y para ofrecer un sacrificio (quizá con su propia carne) en honor de los ancestros, de los dioses, de las bestias o de los hombres que el relato celebra. El relato a menudo parece confuso, no es siempre coherente, habla de poderes extraños, de metamorfosis múltiples, es también cruel, salvaje, despiadado, pero a veces hace reír. Nombra nombres desconocidos, seres nunca vistos. Pero aquellos que están reunidos lo comprenden todo; escuchando se comprenden a ellos mismos y el mundo, y comprenden por qué tenían que reunirse, y por qué esto tenía que serles contado.
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Conferencia internacional:
Esferas
Vivir es crear esferas. La díada “madre-hijo” es la primera formación esférica, llena de tonos y de espacios sonoros. Un lugar de cobijo donde comienza la solidaridad entre los seres humanos, la madre, los grupos próximos y finalmente la cultura en la que se vive. Las historias amorosas y las comunidades solidarias no son sino la creación de espacios interiores para las emociones escindidas. Desde la primera esfera en la que estamos inmersos, con “la clausura en la madre”, todos los espacios de vida humanos no son sino reminiscencias de esa caverna original siempre añorada de la primera esfera humana. Pertenece al drama de la vida el que siempre haya que abandonar espacios animados, en los que uno está inmerso y seguro, sin saber si se va a encontrar en los nuevos un recambio habitable. El primer traslado, exilio o extrañamiento, el primer acto del drama, pues, sucede con el nacimiento. ¿Dónde venimos cuando venimos “al mundo”?, pregunta Sloterdijk. El modo de afrontar el mundo fuera del seno materno viene determinado de manera difícilmente analizable por los restos de memoria prenatales. Todos hemos habitado en el seno materno, un continente desaparecido, una “íntima Atlántida” que se sumergió con el nacimiento, no en el espacio -desde luego- sino en el tiempo. Por eso se necesita una arqueología de los niveles emocionales profundos. Cuando estalla la primera burbuja sufren irremisiblemente una especie de shock de transcolonización, un desenraizamiento existencial. Los seres humanos experimentan fascinados y tristes cómo entre cielo y tierra hay más cosas muertas y exteriores de las que puede soñar hacer suyas cualquier niño del mundo. Al despedirse los adolescentes del regazo materno les invaden magnitudes sin sujeto, externas, provocadoras e indómitas. Todo concuerda, así pudo ser, piensa uno al leer estas seductoras narraciones de nuestro antiguo flotar en el líquido amniótico, de la elástica y
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suave angostura allí dentro, del espacio interior acústico, de la escucha fetal y del primer vínculo, del ahogo al nacer cuando falta el aire precisamente porque se accede de improviso a él. Se trata de sucesos extraños, de situaciones mediales tempranas que dejan huellas, ecos, resonancias que ni siquiera desaparecen cuando comenzamos a establecernos y delimitarnos como sujetos. En palabras de Robert Musil: “Ya no hay un ser humano entero frente a un mundo entero, sino un algo humano que se mueve en un líquido nutricio universal”. En este sentido, cada uno es un medio: un ser de alta permeabilidad que necesita resolver los aspectos íntimos de su surgir en el mundo: la conformación de esferas dentro de sí mismo y entre los otros seres humanos. Vacío de sentido, con el tejado de su vieja casa derrumbado desde dentro, el hombre busca nuevas formas de reaseguramiento, nuevas pólizas, su habitación se constituye en la prolongación de su piel. Allí vive en el interior de una burbuja individualista en la que en apariencia no necesita recurrir al otro, creándose la ilusión de formar pareja consigo mismo. La antropología aparece en Sloterdijk como una ciencia de hombres polivalentes. El hombre como efecto de programaciones y adiestramientos, como prodigiosa fuerza plástica y experimental, se revela como sujeto de vacilación elemental. La historia aparece como el drama que se desarrolla en la lucha formidable por el verdadero lugar y el verdadero elemento de la vida humana. Lo formidable se crea en el interior humano desde el momento en que el sedentario animal de la presencia de milenios surge y quiere inscribir su huella en el tiempo, cuando el metafísico animal de la ausencia se procura modos de escritura e inscripción identitaria que le sobrevivan y le permitan sobrevivir a la pérdida de sus próximos queridos, la forja de una memoria de la muerte. Sloterdijk analiza las crisis vitales como catástrofes individuales y colectivas. Como cuando estalla una esfera intima, como es el caso del duelo,
o global, como sucedió con el giro copernicano, que hizo saltar las cubiertas imaginarias del cielo en el que habían vivido seguros durante siglos los seres humanos. Cuando esto sucede los hombres deben aprender a arreglárselas para existir a la intemperie, expuestos al aliento frío del afuera. Los hombres se blindan contra los horrores de un espacio sin límite, ampliado hasta el infinito, mediante la construcción, pragmática y utópica al mismo tiempo, de un invernadero universal que les garantice un habitáculo para la nueva forma moderna de vida al descubierto.
La civilización altamente tecnológica, el Estado del bienestar, el mercado mundial, la esfera de los media: todos esos grandes proyectos quieren imitar en una época descascarada la antigua seguridad de las esferas, pero esta se ha vuelto imposible. Ahora el ser humano tiene que procurarse redes y pólizas de seguros que han de ocupar el lugar de los caparazones celestes; la telecomunicación debe imitar a lo envolvente. El cuerpo de la humanidad quiere procurarse un nuevo estado de inmunidad dentro de una piel electrónico-mediática.
El olvido del ser desde todos los altavoces y las masas desespiritualizadas.
tuales acerca de la globalización. En tiempos descascarados, sin orientación en el espacio, superados por el propio progreso, los modernos tuvieron que convertirse masivamente en seres humanos enloquecidos. “La civilización técnica, y en especial sus aceleraciones durante el siglo XX, puede verse como el intento de ahogar en confort al testigo fundamental de Nietzsche, aquel trágico Diógenes” (importante historiador griego de filosofía clásica que se cree nacido en el siglo III d.C.).
La era de la falta de albergue metafísico generaliza el hábito de la huída. Con su disposición formal de progreso, el mundo huye de sí mismo en sí mismo; de cada posición del mundo fugitivo, se aprestan continuaciones de fugas. En estas preguntas aparece el vacío que, en su agitada histeria, pasan por alto los discursos ac-
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Conferencia internacional
Poniendo a disposición de los individuos alimentos técnicos de una perfección inusitada, el mundo moderno quiere quitarles de la boca inquietas indagaciones acerca del lugar en el que viven o desde el que se precipitan constantemente al vacío. Es la era del turismo a gran escala y de la asolada de los naufragios. La política es como un crónico y masivo accidente de coches en una autopista envuelta en la niebla. El espacio público es, precisamente aquél en el que el sujeto que se objetiva, que se hace cuerpo, que reclama y obtiene el derecho de presencia, se nihiliza y se convierte en una nada ambulante e inestable. Quien se ha hecho presente en el espacio público ha desertado de su sitio y transcurre por lo que por definición es una tierra de nadie, ámbito de la pura disponibilidad, de la pura potencia, tanto de la posibilidad como del riesgo, territorio huidizo –la calle, el vestíbulo de estación, la playa atestada de gente, el pasillo que conecta líneas de metro, el bar, la grada del estadio– en el más radical anonimato de la aglomeración, donde el único rol que le corresponde es circular. Aquí se está librado a los avatares de la vida pública, entendida como la serie de interacciones casuales, espontáneas, consistentes en mezclarse durante y por causa de las actividades ordinarias. Las unidades que se forman surgen y se diluyen continuamente, siguiendo el ritmo y el flujo de la vida diaria, lo que causa una trama inmensa de interacciones efímeras que se entrelazan siguiendo reglas a veces explícitas, pero también latentes e inconscientes. Los protagonistas de la interacción transitoria no se conocen, no saben nada el uno del otro, y es en razón de esto que aquí se gesta la posibilidad de albergarse en el anonimato, en esta especie de película protectora que hace de su auténtica identidad, de sus secretos que lo incriminan o redimen, o de igual forma, de sus verdaderas intenciones, como terrorista, turista, misionero o emigrante, un arcano para el otro.
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Adolfo Vásquez Rocca PH. D. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Antropología y Estética en el Departamento de Artes y Humanidades y la Escuela de Arquitectura de la Universidad Andrés Bello UNAB.
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Por Martín G. Torroba Ilustración Érica Begnes
¿Qué pasa cuando ocurre algo realmente mágico? ¿Qué sucede cuando el error se convierte en acierto? O más aún, ¿en algo grandioso? ¿Qué ocurre cuando una falla nos conduce por otro camino el cual desemboca “mágicamente” en un éxito incalculable y sobre todo impensado? Eso es lo que justamente nunca hubiesen calculado estas personas que queremos recordar como pequeño homenaje al “Error”.
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Déjenme tirarles una anécdota: Una vez un profesor entró a un aula, escribió en el medio del pizarrón un pequeño punto de tiza y preguntó: “¿Qué ven?” El alumnado contestó: “Un punto”, “una mancha”, “un poco de tiza”, “¿nos está usted tomando el pelo?”, etc. Y ahí el profesor retrucó: “¿Y todo lo que hay atrás? El resto de las cosas que se ven en el pizarrón: la negrura, las manchas propias del pizarrón, las rajaduras. ¿Acaso eso no lo ve nadie?” A lo que quería llegar este educador es que resulta más fácil ver lo raro, lo diferente, lo que está fuera de lugar, que ver el “todo” en su conjunto. Esclava del error, la humanidad por los siglos de los siglos estará, canta Marcelo “Corbata” Corbalán, líder y cantante del grupo de metal argento Carajo, en la canción El Error. Y cuán en lo cierto está este chabón desde el momento en que los seres humanos solo vemos los errores en el otro sin poder aceptar los propios. Nuestra vida está cargada de fallos, así como de aciertos. El tema se complica cuando esos fallos condicionan los quehaceres diarios. ¿Por qué? Porque siempre es más fácil ver el error cometido, que la posible virtud asomando por detrás.
El invento “fallido” -alias descubrimiento- más famoso es la penicilina. Un “error” fundamental para nuestras vidas porque justamente permite eso: salvarlas. Cuenta la leyenda que Alejandrito Fleming estaba estudiando varios cultivos de Estreptococo en su laboratorio: el sótano del laboratorio del Hospital St. Mary, en Londres. Tras frustrarse mil y una veces, abandonar los experimentos y regresar luego de un mes de vacaciones, observó que muchos cultivos estaban contaminados. ¿Qué hizo? Los tiró a la mier… basura. Afortunadamente, pocas horas más tarde recibió la visita de un antiguo compañero (quienes, gracias a Dios, nunca faltan para interrumpir estudios y trabajos) y al enseñarle lo que había estado haciendo en algunos de los recipientes aún no descartados, se dio cuenta de que alrededor del hongo se había creado un halo de transparencia, lo que indicaba destrucción celular. ¡Así nació el antibiótico! Años más tarde el Sr. Fleming confesó: “Yo no estaba intentando descubrir la penicilina. Simplemente tropecé con ella”.
Otra famosa “droga” (para muchos lo es, ¿a que sí?) nació también de casualidad. Se trata de la Coca–Cola. El farmacéutico John Pemberton estudiaba unos brebajes para atacar el dolor de cabeza cuando, por error, mezcló demasiadas sustancias (que hasta la fecha son secretas) dando origen a este glorioso “menjunje” el cual, durante los primeros ocho años, únicamente se conseguía en farmacias, ¡y con una receta! Ese “recurso” de llamarlo refresco vino más tarde. ¿Habrá Pemberton siquiera imaginado una fracción de lo que se lograría con este líquido maravilloso, el segundo más
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consumido después del agua dulce? Muchos dicen que la bebida original viene del agregado de alcohol con cocaína. A raíz de la polémica ocasionada se prohibió en su fórmula la inclusión de... alcohol, claro (los chistes sorpresivos son mi fuerte). Aún hoy se sigue asegurando que tiene en su composición hojas de coca como saborizante. Sea como sea, nos encanta (¡la Coca-Cola, la Coca-Cola!).
Hablando de bebidas, no es menos importante el descubrimiento de Roy Plunkett, un descubrimiento untado en las sartenes, ollas y freidoras de las cocinas de todo el mundo: el teflón. Roy trabajaba en una investigación de gases refrigerantes cuando, durante los experimentos, encontró que los cilindros usados en la investigación -supuestamente vacíos- se volvían cada vez más pesados. Al abrir uno de ellos, encontró un polvo blanco que podía ceder a los disolventes y además era antiadherente. Consecuencia práctica: ¡El nacimiento – por error- de otro multimillonario! El químico suizo Albert Hofmann estaba investigando un compuesto químico para estimular el parto (ocultas quedarán sus razones pues no creo que este hombre –por más “neutral” que fueran sus inclinaciones- haya estado embarazado). Probó el primer “trippy” de la Historia en 1943 (mucho antes que Hoffman y toda esa gilada), cuando se clavó una pequeña cantidad de ácido lisérgico. Más tarde, al tomar una dosis mayor, descubrió una nueva y reveladora experiencia: el viaje psicodélico. Sin nombres propios, los pacientes que reciben tratamiento contra la disfunción eréctil –y aquellos mojigatos que recurren a la automedicación- deberían saludar a los trabajadores de Merthyr Tydfil, en Gales, donde en
1992 y durante unas pruebas efectuadas con una nueva droga diseñada para atacar la angina de pecho, se descubrieron –y luego patentaron- ciertos… efectos secundarios. La pastillita azul “paraba” todo menos la angina, “elevando” así las esperanzas de millones. Casualmente este pueblo, habitado por gente de la clase trabajadora, es conocido por producir un tipo distinto de hierro duro (hablando de premoniciones metafóricas). Se dice también que quisieron cambiarle el nombre el país por el de “Vergales”. Pero este es tan sólo otro de mis chistes malos. Al igual que muchos de los grandes inventos que hoy son comodidad y mañana necesidad, señoras y señores: el horno de microondas. Fue durante un proyecto de investigación relacionado con el radar que el doctor Percy Spencer notó algo muy particular. Estaba probando un nuevo tubo al vacío llamado Magnetrón (lamentablemente, nada que ver con los Transformers) cuando descubrió que el chocolate que había guardado -para no convidar- en su delantal, estaba repentinamente derretido. Intrigado, y suponiendo que quizá el dulce había sido afectado de alguna forma por las ondas del Magnetrón, hizo un experimento: colocó semillas de maíz para hacer pochoclo cerca del tubo y, permaneciendo algo alejado vio -con una chispa de inventiva en sus ojos - cómo el maíz se movía, se cocía, se hinchaba y brincaba esparciéndose por todo el laboratorio. La creencia -muy poco verídicadice que fue al video club, alquiló una peli de Bruce Willis y convenció a Daisy “la pasante” para co-verla juntos mientras liquidaban las susodichas palomitas.
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Por supuesto, no todo error que desemboca en acierto resulta serlo para el que lo comete. Han existido varios, llamémosle “locos de remate”, que han entendido esto claramente. No vamos a hablar aquí de Norman Osborn, brillante científico norteamericano quien al intentar crear un suplemento generador de súper-fuerzas, se pasó de rosca convirtiéndose en el Duende Verde, archienemigo de Spider-Man. Aquello correspondería a otra nota (véase Toad Trippers Nº1). Más bien nos referiremos a gente de carne y hueso que quiso ir más allá de todo. Por ejemplo, el diseñador de ropa Fran Reichelt, quien murió al saltar desde la Torre Eiffel probando su peligrosa invención: el paracaídas. Fue su primer y único intento; sus últimas palabras:
“¡Maldita ley de grav...!”, pues aunque había dicho a las autoridades que lo probaría primero con un maniquí, no lo hizo. Su ansiedad era aún más temeraria que su inventiva. Su paracaídas, un insulto a la ingeniería autodidacta. Alejandro Bogdanov, físico y científico (bastante coqueto, por cierto), condujo un experimento sobre una técnica de rejuvenecimiento en el cual –deliberadamente- se transfundió sangre de un paciente que padecía malaria y tuberculosis. Murió, pobre ingenuo, debido a la infección. Tom Andrews se “hundió” –a cien metros de Leo Di Caprio- con su mejor invento: El Titanic. Enrique Winstanley no sobrevivió a una furiosa tormenta que arreció fuera del primer faro de la Historia, construcción que él mismo diseñó. Sus últimas palabras: “Joder, espero que esta porquería aguante…” Willy Nelson, empleado de la General Electrics (nada que ver con el legendario cantante de folk americano), cayó rodando por una colina mientras estaba probando la quimera mecánica que bautizó con el exótico nombre de “motocicleta”. Murió a los pocos instantes. Murió por no probar la motocicleta en su vida (“subida”, ¿lo entienden? Ahhhhjajajaja! Perdón…).
¡Y hay más aún! Charles Justice (también, con ese apellido…) murió electrocutado en la silla eléctrica (prisión estatal de Ohio) que él mismo ayudó a mejorar -10 años antes- con un práctico sistema de abrazaderas anti “carne chamuscada”, como le decían en la jerga tumbera de la época. Se dice que Wan Hu, oficial de la Dinastía Ming, la palmó mientras trataba de lanzar su propio cuerpo al espacio usando un “cohete”. No existen pruebas de que esto ocurriera. Tal vez se trate de una metáfora histórica acerca de los psicotrópicos que este chino lunático inventaba y consumía antes de ofrecérselos al emperador de turno. Sea como fuera, a los “jinetes sapianos” nos divierte pensar que sucedieron cosas como estas. En fin, errores fatales que con el tiempo ayudaron al progreso humano.
A modo de agradecimiento por todos los intentos geniales y las genialidades intentadas que el mundo de la ciencia y la astucia lograron por error, me gustaría compartir una última creación. La misma no fue fatal para nadie; ni siquiera ayudó al progreso mundial. Pero lo que queremos decir con este último “tropiezo” es que todas y todos nosotros en algún momento de nuestras vidas cometemos lo que creemos que son errores pero que a la larga son herramientas que resultan ayudar mucho a progresar como personas: la anécdota cuenta que no hace mucho un gran amigo mío, en colaboración con su asistente y pareja estable, “inventaron” una niña por accidente. Ambos saben, hoy, que semejante “sorpresón” será la mejor creación de sus vidas.
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Las esposas E
videntemente, decirlo no fue una buena idea. Evidentemente, estaba loca. Evidentemente, estaba en problemas. Habían llegado a las tres de la tarde, debían ser como las cuatro… En menos de dos horas llegaba su esposa del trabajo. Esposado a la cabecera de hierro de la cama, desnudo, miró a su alrededor: la llave junto a la puerta del cuarto, inaccesible; el teléfono celular en la mesita de luz, inaccesible; su ropa esparcida por la alfombra -evocando marionetas grotescas-, inaccesible. Con todas sus fuerzas, intentó desprender las manos de los anillos de metal pero no pudo. Con gran esfuerzo, contorsionó el cuerpo para llegar al teléfono con los pies, pero en la maniobra le dio un golpe mecánico al costado del mueble y el celular cayó al piso, del otro lado. Dos años de matrimonio, cuatro años de noviazgo, viajes, amigos, reuniones familiares, proyectos compartidos, la compra esforzada del departamento, la camioneta regalo del suegro, las deudas… Desesperado sobre las sábanas blancas, miró a su alrededor: la luz del sol de diciembre fluyendo a pleno por la ventana, la habitación titilando con un resplandor sereno, su mujer riendo en decenas de fotos, adorable, añorable. Cuatro años y ocho, no, siete meses de noviazgo; dos años, cuatro meses y unos veinte días de matrimonio; ¿treinta, cuarenta viajes?; amigos amigos: Pedro, Julián, capaz Osvaldo; la cara de los suegros; las reacciones del cuñado; el corazón de la vieja... Retorciéndose en la cama como una lombriz en un anzuelo, con el abdomen mojado y pegajoso, cerró los ojos y pensó en la hija de puta, el pelo rojo contra la espalda, la curva del cuerpo desnudo, el sexo rojo, entreabierto, el cuello blanco, el cuello frágil entre sus manos, su cara roja, asfixiada, sus ojos de terror,
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Por Pablo Roca Ilustración Pablo Arias
la boca abierta en silencio, enorme, húmeda, los ruidos sordos, guturales, el cuerpo muerto, las bolsas de consorcio, no, el bolso negro, la camioneta, el río, el cuerpo descompuesto, la policía, las esposas… Abrió los ojos y pensó: una hora treinta, con suerte. Intentó dislocarse las muñecas pero no pudo. Gritó: – ¡Volvé, hija de puta! Con la mirada en el cielo raso, sollozando de bronca, masculló: – Ayudame Dios, te prometo... Quiso pensar en todas las cosas malas que había hecho en su vida pero solo hizo un recuento sucinto de las cosas que había hecho mal. Recordó la primera vez que vio a la pelirroja, en Mar del Plata. Pensó en matarla a golpes, con un cuchillo, con la camioneta; pensó en la policía; pensó en envenenarla y, mejor, en llevarla a una sobredosis; eso, una sobredosis… Afuera sonó un ruido de pasos. Contuvo la respiración. La mente y el cuerpo fueron casi un silencio absoluto, orientado a través del living hacia la puerta y el pasillo. Una puerta se abrió y se cerró con ruido metálico. Era el ascensor. Pensó en Berta, la vieja de al lado, y en Raúl, el portero. A punto de pedir socorro a los gritos -después inventaría algo, ¿cómo no se le había ocurrido antes?-, oyó el giro inconfundible de la cerradura y la voz familiar que llamaba: – ¿Amor? ¿Estás en casa? No sabés lo que me pasó…
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Guardiola es una bocanada de aire fresco entre tanta obra copiada y “copyrighteada” (valga la ocurrente redundancia) que soportamos hoy en día. Es un creador que no usa la palabra artista como un adjetivo para definir quién es, sino como un sustantivo –sin bombos ni platillos- pues pintar es su oficio, su karma, su irrevocable “necesidad”. En esta oportunidad estamos presentando óleos sobre tela (la mayoría), tabla y papel. El tamaño de los mismos oscilan entre los 30 x 40 cms. y los 120 x 150 cms. Actualmente da clases (personalizadas) de pintura y dibujo para diferentes edades y niveles.
Pinturas por Nicolás Guardiola
Para los sapos 90
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Ecce-homo Ante todo me considero un afiliado al “no busco, encuentro” de Pablo Picasso y con eso ya creo estar diciendo mucho. Puedo decir –además- que me valgo de la pintura para expresar lo que no puedo expresar de otra forma. Se trata de una necesidad. Un hábito. Una prolongación del juego. ¿Qué pinto? Lo que me obsesiona, lo que quiero conocer sobre mí. Sobre el hombre. ¿Quién podría definir qué es un hombre? Por eso es que no busco. Más bien trabajo sobre la atención. Una atención que me predispone al encuentro. No quiero hablar sobre lo que sé porque me motiva el misterio, el lenguaje del inconsciente, lo metafísico. A su vez, considero que no hay pintura sin poesía. La poesía del color, de la pincelada, de las formas. Entiendo a la pintura como un lenguaje interminable. Jamás cerrado, siempre naciendo. Algo muy difícil -por no decir imposible- que requiere mucho trabajo y preparación.
Claro que ni el miedo ni la seriedad ayudan. Es por esto que hago culto a la distensión, a la falta de respeto. No podría jamás tomar un pincel con respeto. Eso prefiero dejarlo para las colas de los bancos, las carpetas o los documentos. La pintura es para mí una actividad “sin importancia”. Mas sentida que sabida. Si la mano no se mueve sola no me interesa (sin negar la preparación técnica que esto conlleva, desde luego). Si sé lo que voy
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Hoy Aprendiz aje
La valija
a hacer, ¿para que hacerlo? Si puedo explicar lo que pinté, ¿para que pintarlo? El mensaje de mi obra es visual y de esa forma se lee. Cuando vean mis cuadros no se olviden:
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* : El hombre calentando la pared
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Ram! Muna
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Todavía la ama
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El primer almuerzo
Si quieren contactarlo: [email protected] Más cuadros e info en: www.nicolasguardiola.blogspot.com
Si supieras las cosas que he visto por acá
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Hoy
El cumpleaños del niño pálido
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Texto y collage de Gastón de la Serna
Mr. Kalkbrenner Paul Kalkbrenner nació en Leipzig Alemania, allá por el año 77. Ya de niño cultivó un marcado interés por la música, lo que llevó a sus padres a inscribirlo en un conservatorio. Eligió la trompeta como instrumento principal. A partir de los 90´s, empezó a concurrir a los clubes nocturnos motivado por el interés en la música electrónica. En el año 96 comenzó a producir música y ya en el 99 firmó su primer contrato con el sello discográfico “Bpitch Control” de la diosa del techno Ellen Allien. Desde el comienzo, Paul se erigió como productor por sobre todas las cosas, sustentando una prolífica carrera con numerosos Ep’s y LP’s, creando y desarrollando un sonido propio que hoy lo identifica en todo el mundo electrónico. Sus presentaciones en clubs y festivales han ido in crescendo con el correr de los años, llegando en el 2010 a su máxima expresión. Su manera de presentarse en vivo es mediante 2 controladores midi conectados a una computadora corriendo el software Ableton Live. Esto es lo que en la música electrónica se considera una presentación Live y no el clásico formato Dj (bandejas + mixer).
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Para quien no ha escuchado nunca su música, se podría catalogar -a grandes rasgos- como techno, con marcados matices melódicos y algunos toques deep y tech-house. Expresado de manera más sensitiva, es una música con groove pesado que da la sensación de ir siempre hacia delante y pareciera estar concebida para recorrer con ella una gran metrópoli.
Berlin Calling En el año 2009 vio la luz “Berlin Calling”, una película del director alemán Hannes Stöhr. La película retrata la vida de un Dj profesional (Dj Ickarus) interpretado por el mismo Kalkbrenner. La historia se encuentra inmersa en el submundo de la escena electrónica, las discográficas y la vida de excesos con la que conviven muchos de los Dj´s y promoters nocturnos, destacando a la música como un medio de salvación y redención. Más allá de las condiciones actorales que demostró Paul, esta película sin duda marcó un salto exponencial en su carrera. La producción fue muy bien recibida alrededor del mundo, por lo que su nombre pasó a estar en la cabeza de muchos seguidores y no seguidores de la música electrónica. Paul, en un abrir y cerrar de ojos, pasó de tener una agenda de tour dates con pocas fechas, a tenerla abarrotada. De tocar principalmente en Europa, pasó a tocar en todo el mundo “non stop” y ser siempre recibido como una estrella. Aquí en Argentina la historia fue similar: la primera vez que nos visitó fue en el 2008 (24 de Mayo), cuando tocó en el club Cocoliche. Esa noche se lució ante alrededor de 300/400 personas, de las cuales no creo que hubiera más de 50 verdaderos seguidores de su música; el resto eran habitués del club (el autor estuvo presente esa noche). Ya en la era “Berlin Calling”, volvió al país el año pasado a tocar nada menos que en el escenario principal del 10mo aniversario de Creamfields Buenos Aires, donde el público se habrá multiplicado hasta hacer de la comparación, un ridículo ejercicio. Gran parte de estas diferencias numéricas se deben a que sus agentes comerciales y su sello discográfico no han sido lentos en capitalizar esta explosión mediática. Ellen Allien (dueña del sello) comercializó con inmenso éxito la banda sonora de la película y sus representantes nombraron la gira
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de Paul del 2010 “Berlin Calling Tour”, lo cual ha captado la atención de aquellos desprevenidos y se ha convertido en un éxito rotundo (ver “Kalkbrenner 2010”, un documental sobre dicha gira).
Trascendiendo Barreras Es muy difícil mantener el balance artístico cuando se alcanza un reconocimiento y exposición que traspasa las fronteras del género musical. Una cosa es tener un nombre dentro de la escena dance, y otra muy distinta es tenerlo fuera. La mayoría de los casos de “figuras” que han trascendido sus barreras, han derivado en etapas creativas muy poco prolíficas por parte de las mismas. Un ejemplo claro podría ser el de las mega-figuras del trance. Dicho estilo se erigió como el más popular del mundo a principios de nuevo milenio. Efectivamente, sus figuras -Paul Oakenfold, Tiesto, Armin Van Buuren, Paul Van Dyk y Ferry Corstentrascendieron el género. Como resultado de esto, los nuevos “niños mimados” dejaron de producir tracks trascendentales y el estilo llegó a desvirtuarse por completo, perdiendo la identidad y peso que lo había caracterizado. Las razones podrían llegar a ser varias, pero creo que el denominador común fue que se vieron en la posición de entretener a las masas, y esto hizo que se pensara demasiado en las supuestas “necesidades” (inmediatas) del público a la hora de componer y pasar música. Basta con repasar cualquier trabajo de dichos artistas a principios de los 2000´s y compararlos con cualquier cosa que hayan hecho en los últimos años). Haciendo de “excepción” a la regla, el mejor ejemplo de aprehensión de la masividad es el de David Guetta. Beneficiado por las características de su estilo - el house- a mi criterio (dejando de lado estrictos gustos musicales) fue el que mejor ha salido parado y ha sabido aprovechar esta sobreexposición mediática. David se convirtió en un referente mundial del house y fue potenciando su estilo con colaboraciones de figuras de primer nivel como Madonna, Kylie Minogue, Rhianna, Black Eyes Peas, Kelly Rowlands, entre muchos otros. Hoy día es un superstar, y creo que es quien mejor lo lleva porque nunca perdió la línea, el aura y la vibra que trae consigo desde sus comienzos.
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Ickarus vs Kalkbrenner En esta nueva etapa, para Paul Kalkbrenner la incógnita está más que abierta. Siempre amé la libertad que tuvo a la hora de componer, pero es cierto que nunca –hasta ahora- había tenido que preocuparse por complacer una audiencia. Antes de “Berlin Calling”, casi excepcionalmente salía fuera de Europa y su público era reducido y entendido. Ahora se enfrentará a un gran desafío: no adaptarse a la masividad sino más bien lograr que ésta se adapte a él. Calculo que sus próximos pasos lo definirán y proyectarán hacia los años que vienen. Desde el 2008 que el productor ha estado adormecido; ningún EP o LP editado hasta la fecha... A no engañarse: “Berlin Calling” es una reedición de sus producciones más reconocidas, y salvo dos tracks aún no editados (su remix de “la mezcla” y “A song for moby”) no se ha escuchado ningún “ruido” con su firma desde el cuartel general de Bpitch Control en los últimos dos largos años. Viajar como lo está haciendo es incompatible con la producción; se vuelve muy desgastante y el tiempo para sentarse a componer es casi inexistente, más aun para un tipo como Paul que varias veces declaró su rechazo por el estudio y su preferencia por leer un libro a escuchar algo de música. A veces el éxito representa esta dicotomía. Por un lado se logra el reconocimiento público, el económico y todas las ventajas que la fama acarrea. Por el otro, a veces se genera una atmósfera de pasividad y hastío que hace que la inspiración y la necesidad de expresarse quede aburguesada o simplemente asfixiada por la demandante rutina. Veremos qué sucede con este gran artista en los próximos años. Me niego a pensar que “Berlin Calling” haya sido un error en su carrera; tal vez lo digo solo por el puro cariño de alguien que ha disfrutado su música por mucho tiempo. Ante todo, espero no pierda esa capacidad creativa y compositiva que forjó un estilo y una identidad tan marcada en la música electrónica. Creo que todavía tiene mucho para dar y quienes amamos la música estaremos esperando el nuevo llamado desde Berlín con ansias. Danke schön, Mr. Paul. Será, pues, hasta la próxima.
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Galopando contra el viento Última carta de Favaloro Mi padre es médico cardiólogo. Hace más de 30 años que se especializa en hemodinamia y cardiología intervencionista (angioplastias y esas cosas). Ha llegado a presidir algunas de las instituciones nacionales más prestigiosas afines al rubro, montado su propia clínica especializada, ha participado en innumerables congresos alrededor de todo el mundo y es considerado -por sus pares- un referente en su campo a nivel nacional e internacional. La lista continua, pero soy su hijo así que podría
ponerme peligrosamente meloso ad infinitum. Ahora bien, más allá de todos estos logros y méritos profesionales, mi padre es un buen tipo; honesto, humilde y auténtico. Todo el mundo lo sabe. Su familia, sus colegas. Sus amigos –conscientes de su honestidad- lo quieren y lo respetan principalmente por ello, pues justamente por serlo jamás ha dado motivos de animadversiones, sospechas infundadas o recelos económicos; mi padre vive dignamente con el producto de sus propios esfuerzos.
Conservada por el Dr. Carlos Gadda Thompson (y rescatada por Nicolás, su hijo). Ilustración de Pablo Arias
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Cuando era todavía un joven profesional en plena faena cotidiana -subiendo peldaño tras peldaño como todo hijo médico de vecinocon mi madre estuvieron a punto de mudarse al gigante del norte (Brasil no, el otro más gigante y más al norte aún). ¿Por qué no lo hicieron?
Porque volvió René a su querido país, con toda esa polenta pionera que lo caracterizaba y que le permitió desarrollar -en aquel mismo gigante y tras años de arduo trabajo- una técnica quirúrgica propia (la cirugía de By Pass coronario) que revolucionaría como nunca antes la cardiología a nivel mundial y que desde entonces le ha salvado la vida a miles de pacientes. Esa circunstancia hace que nosotros –los hijos del doctor Gadda- le estemos eternamente agradecidos pues, de haberse “exiliado” nuestros padres, ninguno de los tres hubiese nacido. Se podría decir que, literalmente, le debo la vida a René… ¡Aunque también se puede decir otro tanto del quiosquero que le vendió los Durex pinchados a mi vieja! Volvamos, entonces, al artículo.
Sintonizado con aquella fortuita circunstancia, el viejo tuvo el honor de ser convocado a formar parte del equipo estable de Favaloro en el Sanatorio Guemes. Allí encontró su especialidad y se entrenó bajo el ala de uno de los profesionales más honestos, responsables y mejor reconocidos en el mundo entero. Fueron arduos e intensos años de trabajo. El doc aún conserva innumerables recuerdos por los cuales solo atesora bellas palabras acerca de su mentor y amigo. Favaloro fue su más directa inspiración, aquella que lo llevó a aprender el valor de una conducta, dentro y fuera del quirófano, impecablemente humanitaria. Aquí les dejo, sin más preámbulos, la última carta (casi completa) que escribió Favaloro para todos nosotros. Antes, tan solo unas palabras del viejo escritas en el mail que me envió con el archivo –la carta en digital- que conserva con tanto cariño: “Es posible que el texto de esta carta sea auténtico, aunque no pueda afirmarlo (está en Word y pudo ser modificado). Pero por lo menos tiene el tono que René le daba a sus reflexiones, lo cual me hace suponer que es copia del original.”
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Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces. Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Guemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos los niveles. Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo. En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno… La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada). Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente. Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía. A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo. Este era nuestro único contacto. A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación… Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado. La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos; como consecuencia, jamás dimos un solo peso
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de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto. ¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica. Lo mismo ocurre con el Pami. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país. Valga un solo ejemplo: el Pami tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente). Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda… Lo mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga). El médico que envía a estos pacientes por el famoso “ana-ana” (término oscuro, poco conocido fuera del mercado de la medicina en Argentina, que refiere al pago de retornos o coimas por la prestación de servicios o venta de productos) espera recibir una jugosa participación del cirujano… La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios. Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía y los métodos de diagnóstico no invasivo (Holger, echo, cámara y etc., etc.); los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., también están incluidos… La situación actual de la Fundación es desesperante. Millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir “no hay camas disponibles”. Nuestro juramento médico lo impide. Estos pacientes demandan un alto
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costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses. Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica. En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben. ¡Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una! Aquí, ni soñando… ¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente? Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta, tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar. La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic, le decía al Donald B. Effler que sabía de antemano que iba a tener que luchar, ¡y le recordaba que Don Quijote era español! Sin duda la lucha ha sido muy desigual. El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse. Hemos tenido varias reuniones. Mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al “sistema”. Sí al retorno, sí al ana-ana. “Pondremos gente a organizar todo. Hay “especialistas” que saben como hacerlo. Debés dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabés nada, que no estás enterado. Debés comprenderlo si querés salvar a la Fundación”. ¡Quién va a creer que yo no estoy enterado! En este momento y a esta edad, terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer. Joaquín V. González escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: “A mí no me ha derrotado nadie”. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta
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sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional… escuchando siempre lo mismo: “¡La leyenda, la leyenda!” Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona; por el contrario, se castiga. Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz. Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil pero sí meditada. No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano. Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad. Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo que es cierto. Espero que me recuerden así. En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta. En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.
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A mi familia, en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco. Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa. Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles. Un abrazo a todos, René Favaloro Julio 29, año 2000 - 14,30 horas Lleva su firma.
Epílogo
Por Carlos Gadda Confieso que siempre me he sentido incómodo ante los elogios y estuve a punto de pasarle la “guadaña” a la primera parte (el Dr. Gadda tuvo acceso a la edición de este artículo). Pero me acordé de un episodio que viene a cuento: En una oportunidad -durante un congreso- estando René a mi lado, corté bruscamente a alguien (no recuerdo a quién) cuando comenzaba a llenarme de elogios. Fue solo un instante, pero el tipo se quedó medio cortado y claramente descolocado. Lo saludamos y nos alejamos juntos rumbo a otra mesa redonda. En ese trayecto René me dijo por lo bajo: “Nunca cortes a alguien cuando te está elogiando. No se debe hacer. Eso sí: cuando termine, siempre agradeceles mucho”.
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Art Nano
Lo u lt i m o
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Gran Canyon Nano
m i n i at u r a s
Todos los años se realiza la International Conference on Electron, Ion and Photon Beam Technology (Conferencia Internacional sobre la Tecnología de Electrones Iones y Rayos de Fotones), y aunque poca gente –más que nada el nerdaje de primera línea- se desespere por asistir, en ella se hacen cosas realmente bonitas e increíbles: ¡Nano-esculturas, nada menos! Estructuras reales en tres dimensiones tan pequeñas que se miden en micrones (o micras). Por Nicolás Gadda Thompson
¿Y qu e car ajo s on lo s mic rones ? 113
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¿Y que carajo son los micrones? La millonésima parte de un metro. Esto quiere decir que los científicos locos de la actualidad manipulan moléculas a piacere para crear formas distinguibles sólo a través de potentes microscopios. Originalmente concebidas a través de electrones, iones y fotones (partículas “casi” elementales que conforman el universo), la tecnología de manufacturas nano-dimensionales ahora incluye nano-impresiones y estructuras moleculares prediseñadas que crecen, ¡y se replican por sí mismas! Este es el tipo de tecnología gracias a la cual nos vienen amagando con que en el futuro tendremos -por ejemplo- automóviles que cambiarán de color con solo apretar un par de botones en la consola, que “cicatriza-
SEIS
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rán” sus propias ralladuras -y hasta abolladurascomo lo hace hoy nuestra “no inerte” piel. Es el tipo de tecnología que amenaza con poder modificar la textura de tus sillones, el diseño de tu cartera, ¡la forma y ubicación de las ventanas de tu casa! Te despertás a la mañana con tu ventana cuadrada del lado de la derecha de la pared que da al jardín. Entonces decís: “Mmm… ahora la quiero así”. Configuras en la compu una serie de sencillas órdenes, te vas al laburo y a la noche te encontrás con una ventana panorámica que recorre de lado a lado esa misma pared. Cosas como esas… Dicha conferencia es el más reconocido y prestigioso encuentro anual en materia de nanotecnología (ya van por la número 55). La creme de la creme científica se codea en sus pasillos, salones de exposición y retretes públicos. No siendo tan ñoños como parecen; ¡este año la celebrarán en Las Vegas! A continuación, algunos primeros premios de conferencias pasadas:
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Mención honorífica 2006 - El bagre TRES
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Mención honorífica 2006 - Screwed up CUATRO
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Mención honorífica, 2004 - World’s Smallest Twin-Yacht sailing in San Diego CINCO
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Mejor micrografía de electrones, 2000 - Micro Blast
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Na no
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Mejor gráfico de iones, 2006 - Clases de yoga SIETE//
Mejor gráfico de iones, 2001 - Escalera a la cueva del dragón OCHO
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Nano Playboy NUEVE
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Mejor gráfico de iones, 2004 - Torre de Pisa DIEZ //
Mejor gráfico de iones, 2005 - Bacteriófago ONCE ///
Mejor gráfico de iones, 2003 - Nano Trek
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Mención honorífica, 2005 - Torre de Babilonia TRECE ///
Mejor trabajo Bizarro, 2005 - Chisai Benjo
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recomendaciones Pelis y cortos para volar
Designers staff
• That´s it, that´s all: Película producida por los creadores de “Earth” acerca de una tajada de los mejores snowboarders recorriendo el mundo en busca de las más espectaculares olas congeladas. Alaska parece ser la posta. Imágenes increíbles. Locaciones majestuosas. Destreza y “huevo” en su máxima expresión.
• Creativodemente: Una página de diseño cargada de jugoso contenido. (www.creativodemente.wordpress.com)
• Agua: De la directora hindú Deepa Mehta, una tierna y a la vez dura historia de amor a orillas del Ganges; poesía en imágenes y música que forma parte de una obra mayor (Agua, Tierra, Fuego, Cielo)
• Carne Magazine: Una exquisita revista de ilustración (en pdf) con artistas grosos de todo el mundo (www.carnemag.com).
• The Butterfly Circus: Un corto de 20 minutos con un hermoso mensaje. Un poco cursi pero, ¡ey! Si está bueno, hasta lo cursi vale. • Earthlings: Largometraje documental –narrado por Joaquin Phoenix y musicalizado por Moby- acerca de la terrible crueldad del hombre practicada con los animales en la industria (alimenticia, textil y de entretenimiento), en experimentos científicos y en el mercado doméstico. Durísimo testimonio de nuestra total dependencia para con las criaturas no humanas de esta tierra; verdades que no nos gustan ver, pero de las cuales somos cómplices. Un poco de culpa siempre ayuda a abrir los ojos.
Series para cultivar • Men of a certain age: Para hombres de una cierta edad. Amena, inteligente, ácida pero no tanto, reflexiva y muy simpática historia de tres amigos entrando en la quinta década de existencia terrenal. • In treatment: El protagonista es un analista y el espectador es invitado a presenciar la intimidad de 5 sesiones semanales (una por cada día de la semana; cada uno con un personaje distinto pero que se repite a lo largo de la temporada… si no se entiende, otra excusa para verla). El viernes, y esto cierra la idea a la perfección, el analizado es el propio protagonista. Excelente. Preparaos para ver actuaciones de verdad.
Música para florecer • Freddy Torrealba: músico folklórico instrumental (chileno) que descose el charango como ninguno.
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• OkamStudio: Un sitio web argentino -www.okamstudio.comde lo más cool (eso sí, hecho para un público de habla inglesa) que se dedica a desarrollar contenido de alta calidad para TV, cine, Internet, video-juegos y publicidad. Actualmente están incursionando en lo que se ha dado en llamar “cross or transmedia narration” (contar historias usando diferentes soportes y formatos), concepto de vanguardia por estos días. Visiten y contraten que no se van a decepcionar.
Recomendaciones de Gastón de la Serna: (Bubble Boy número I):
• Kris Kristofferson: Los menores de 30 lo recordarán por ser el mentor de Wesley Snipes en la saga de vampiros Blade, pero Kristofferson -por sobre todas sus pasiones- es y ha sido un tremendo compositor y cantante de country-folk. Amigo del mítico Johnny Cash, supo encontrar un estilo intimista y personal que llega directo a los sentimientos. Recomiendo algún disco en vivo con Kris, guitarra, armónica y nada más. • George Condo: Artista visual americano nacido en New Hampshire en 1957. Su obra se podría definir como un dialecto entre el retrato clásico y la estética Disney; un abrazo entre la niñez y la adultez, entre la comedia y el drama. Un artista contemporáneo para disfrutar y descubrir. • Kick Ass (el cómic y la peli): Cuenta la historia de un adolescente actual y común, amante de los cómics, que decide convertirse en un superhéroe sin ningún tipo de “poder” más allá del absurdo deseo de vestirse con un traje llamativo y enfrentarse con malhechores. Kick Ass es una historia plagada de humor negro y violencia bestial que atrapa desde la primera escena por su gráfica e historia. En este momento Marvel acaba de empezar a publicar la segunda serie del cómic que, al parecer, promete tanto como la primera. Para quienes ya vieron la película, sepan que el cómic es ampliamente su-
Recomendaciones de Pepe Campos
(ver nota “Rewinding Juancito Arroyo”): • The private life of plants: Un documental -como nunca se ha visto- acerca de la dinámica de las plantas en tiempo/escala humana a partir de técnicas fílmicas especiales que nos permiten ver el crecimiento y los movimientos de las plantas a una velocidad espejada con la nuestra. Relatado por el legendario David Attenborough’s, este documental es imperdible incluso para los que le escapan al rubro. • Guitarra de palo: Guión de Antón Jiménez y Andrea Zapata Girau. Una búsqueda distinta en el diálogo entre música e imágen. Filamada en diferentes ciudades del mundo (Madrid, NY, La Habana, Berlin, Buenos Aires, Moscú, entre otras) y con la participación de músicos increíbles.
Recomendaciones de Nico Guardiola (ver muestra “Yo no fui”):
• Un libro: El lobo estepario, de Herman Hesse • Un disco: Artaud, de Luis Alberto Spinetta • Una pintura: La flauta de pan, de Pablo Picasso • Una película: Brazil, de Terry Gilliam • Un error: La perfección
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• Encounters: Un trío-fusión imperdible. Pepe Campos (Argentina), “flautaor” payo de exquisito swing. Charly Daicz (argentina) con su estilo místico en guitarra y laúd. Percusionando -como le enseñó su abuelo, jefe de la tribu a la que pertenece en su Senegal natalDiegane Moussa N´Diaye.
• PimpArtWork: un blog compilador de exquisito arte urbano y callejero contemporáneo (www.pimpartwork.blogspot.com)
perior en todos los aspectos, además de ser una bocanada de aire fresco entre tanto forzudo con poderes galácticos.