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21 Ciudades subterraneas 2


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Cuando encontré esta imagen en Pinterest me impresioné; me quedé pensando en el niño que la dibujó, quizás la misma edad que la mía cuando dibuje lo que ahora elegí para caratula de estos ensayos. Este niño tiene más imaginación. Yo dibuje lo que vi a la sombra del tronco; este niño dibujó lo que se imaginoo debajo del tronco, la vida dentro del suelo. (En: https://www.pinterest.co.uk/pin/727331408559733553/)

Tacuruces

C

uando niños salíamos a juntar cupies para darle de comer a los pollitos del gallinero. Lanzábamos los trozos del cupí por encima del tejido para que se quebraran al caer; nos gustaba observar cómo se amontonaban frenéticos los pollitos y también sus madres, tratando de asegurar su ración de larvas. La madre los llamaba con un “cloc, cloc, cloc…” mientras con sus patas desparramaba los trozos del cupí descubriendo a las larvas que se retorcían al quedar expuestas. Los polluelos no necesitaban más que probar la primera para entender que tenían ahí un manjar, las tan apetecidas y nutritivas larvas (creo que eran de Camponatus punctulatus). Ahora la madre tenía otra tarea; espantar a los gorriones que, sin haber sido invitados, pretendían una parte del festín. Los cupies o tacuruces son nidos de hormigas, montículos muy duros como lo resalta el poeta Serafín J. Garcia en sus cuentos.

“Sobre'l lomo potro de mi campo crudo -que nunca ha sentido de un arao la marca-, prontos pa meyarles el filo a las rejas estos altaneros tacuruses se alzan.” Tacuruces Serafín J. Garcia, poeta uruguayo. C. punctulatus es una hormiga omnívora común en el litoral argentino, Uruguay y el sur de Brasil que abunda en las llanuras con riesgo de inundación o anegamiento. Quizás algunos hayan visto campos repletos de esos montículos cubiertos de pastos, fáciles de ver en arroceras abandonadas al costado de las rutas. También están en los campos vírgenes, pero en esos casos la densidad de hormigueros es baja, entre 20 y 40 por hectárea, y son pequeños; son los que buscábamos para los pollitos. Cuando cambia el uso de la tierra surge un problema. Los suelos de esas planicies son buscados por los arroceros; luego de unos años, cuando la arrocera se abandona, se produce una explosión demográfica en estas hormigas relacionada de alguna manera a la perturbación del suelo. De golpe pueden aparecer hasta

2000 por hectárea. Además, las hormigas modifican su diseño y comienzan a construir hormigueros mucho más altos, de hasta más de un metro de altura. Los suelos de esas planicies tienen problemas de exceso de humedad, a veces quedan hasta encharcados. A las hormigas no les gusta la humedad excesiva y menos una inundación. Quizás por eso las C. punctulatus construyen sus nidos elevados. Las cámaras de cría están en la parte superior del montículo para proteger las larvas de los excesos de agua. El volumen de tierra removida por estas hormigas es enorme y el montículo es rico en materia orgánica y nutrientes. Los tacuruces son verdaderos ecosistemas en sí mismos, con sus propias comunidades de microorganismos, micro, meso y macrofauna.

Campo invadido por tacuruces

Luego de invadir un terreno, los tacuruces pueden permanecer allí por años. C. punctulatus, aunque omnívora, no daña los cultivos, pero los tacuruces son tan duros y voluminosos, que dificultan las labores de la maquinaria agrícola. En el norte argentino, donde la invasión ha alcanzado niveles críticos, cuando las hormigas invaden sus campos los productores deben resignarse exclusivamente a la ganadería. El hombre de campo, conocedor del ambiente, también aprendió a aprovechar lo que la hormiga le ofrecía y ha utilizado el material de los tacuruces para la construcción de los pisos de sus ranchos. Los pisos construidos con este material se caracterizan por su excelente consistencia.

Es interesante ver como unos recuerdos traen otros enlazados. Al revivir la imagen de los polluelos comiendo las larvas del cupí me vino a la memoria un viaje que nunca pude concretar: “hacerme hormiga” y explorar uno de esos nidos por dentro, pasando desapercibido entre sus habitantes. El peligro era que me descubrieran aunque tal vez las hormigas no iban a verme pues ahí abajo reina la oscuridad; además esas hormigas no ven mucho. Pero el peligro estaría en mi aroma de humano; me iban a olfatear. De cualquier manera, nunca tuve la oportunidad de hacer realidad esa fantasía. Hoy, con esas diminutas cámaras digitales que se han inventado, ese viaje soñado no es imposible.

Viaje a las profundidades del hormiguero

(sin GPS) Existen hormigas nómades, pero son pocas. La mayoría prefiere un hogar estable y construye hormigueros cuya estructura varía según las especies, los climas y hasta las características del suelo. Hay tantos estilos arquitectónicos como especies de hormigas: gótico, barroco, minimalista, etc. Algunos son una simple cámara debajo de una piedra o dentro de un tronco caído, otros tienen cientos de ellas conectadas por túneles. Hay hormigueros subterráneos o elevados; existen hormigas que anidan en la copa de los árboles, otras en troncos caídos y algunas hasta debajo del piso de madera de algunas casas. Nos interesan aquellos hormigueros que tienen impactos sobre el suelo, especialmente los subterráneos

La estructura de los hormigueros depende de las especies, del clima y del tipo de suelo.1

Hay hormigueros que se pueden equiparar a ciudades subterráneas con millones de habitantes. Son entramados de cámaras y galerías conectadas; ciudades oscuras y silenciosas. Las entradas al hormiguero pueden ser simples orificios en el suelo con residuos acumulados a su alrededor como para disimularlas. Otras especies acumulan tierra y restos vegetales para construir un montículo que puede adquirir grandes dimensiones; se asemejan a grandes cráteres. Hasta existen estructuras complejas, como castillos de arena, con múltiples entradas. Los túneles descienden en espiral, en diversos ángulos, a veces ramificados. Esa exploración subterránea que había quedado pendiente, acá la imagino. Decidí entrar por lo que parecía ser el acceso principal en la ladera del montículo de un hormiguero que estaba habitado; prometía una experiencia interesante. El montículo es solo una parte del hormiguero, la punta del iceberg; no tenía idea de cuán grande sería lo que me esperaba abajo. Era temprano en la mañana y ya estaban saliendo muchas obreras comenzando su jornada diaria de cosecha. Algunas pocas, más tempraneras, regresaban ya con su carga, enormes (para ellas) restos de las hojas de una tomatera que ya mostraba huellas de haber sido visitada varias veces. A la entrada, allí las esperaban otras obreras que las anteneaban y parecían darle el visto bueno para que prosiguieran. Quizás verificaban la calidad de la carga, aunque también tal vez quisieran asegurarse de que no se les colara disimuladamente alguna hormiga espía de otro hormiguero. Pasé desapercibido y ya adentro todo se oscureció, pero mi diminuta y moderna cámara digital, de altísima sensibilidad (ISO 4.000.000), me permitía ver sin molestar a las dueñas de casa trabajando en su hábitat. Luego de recorrer un corto pasillo llegué a una primera cámara que parecía ser una planta de procesamiento de alimentos. Las obreras que traían su cosecha se la entregaban a otras, más pequeñas, que se encargaban de trozar los restos vegetales triturándolos con sus mandíbulas en fragmentos más pequeños para luego masticarlos transformándolos en una papilla. Seguí avanzando por intrincados pasillos sin un rumbo fijo y me introduje en una cámara enorme. Calculé que estaría a unos tres metros de profundidad. Era una huerta de hongos, se notaba mucha actividad y la atmósfera era pesada, húmeda y calurosa. Hoy sé que el crecimiento de los hongos requiere de un ambiente controlado y estable en cuanto a humedad y temperatura, como el de las “catacumbas parisinas”. Me pregunté cómo lo lograrían. Las obreras estaban muy

ocupadas en sus labores y me ignoraron. Las observé con curiosidad admirando su concentración en el trabajo. Recibían el material vegetal triturado y lo mezclaban con saliva y hasta con secreciones anales. Lo que hacían realmente era preparar una especie de composta para luego armar una cama o cantero fertilizado para los hongos. Recordé nuevamente a mi amigo, el viejo Bruno, el quintero de mi abuela, cuando preparaba la tierra para trasplantar sus plantines de tomate ya con sus primeras hojitas. Siempre me decía que la tierra tenía que estar bien húmeda y hacerlo de tardecita para evitar el solazo. Las hormigas también lo sabían. Avancé para observar unos plantíos de hongos ya desarrollados; allí trabajaban unas obreras más pequeñas, las más pequeñas de la colonia hasta ahora, que separaban porciones del micelio y las transportaban con sus mandíbulas a las camas fertilizadas para que allí germinaran. El almacigo ya estaba listo; ahora había que esperar que los hongos crecieran y fructificaran.

Obrera trabajando en el huerto de hongos.2

Todos sabemos lo rápido que crecen los hongos después de una lluvia. Los plantíos de las hormigas no son la excepción. Algunas obreras agricultoras recorrían los almácigos un día después de plantados; saben que ahora hay que protegerlos. Observé que mientras algunas preparaban más canteros, otras anteneaban los plantíos que comenzaban a germinar para controlar su crecimiento y estado sanitario. Si detectaban ciertos aromas como por ejemplo las del hongo parasito Escovopsis, emitían una feromona de alarma llamando a otras obreras “fumigadoras” para que trataran el cultivo afectado. Ya comentamos en el capítulo anterior la presencia en su cutícula de actinomicetos productores de agentes

antimicóticos con los cuales se detenían infecciones que podía ser letales para toda la colonia. Siguiendo la exploración desemboqué en unos ductos por donde se sentía circular aire, era aire fresco. Son ductos de ventilación. El metabolismo de las hormigas y sus hongos genera dióxido de carbono y calor. Por eso se sentía ese vapor cálido cuando de niños profanábamos los hormigueros y llegábamos a la olla. Las obreras monitorean permanentemente la temperatura, la humedad y el nivel de dióxido de carbono en sus hormigueros. Lo hacen con sus increíbles antenas “multiuso”. 3 Una alta concentración de dióxido de carbono puede ser fatal para la colonia; las larvas morirían como en una cámara de gas. El CO2 necesita ser evacuado para que penetre aire nuevo y oxigenar el ambiente. La temperatura también importa pues las hormigas, como todos los animales pequeños, se calientan y se secan rápidamente. La deshidratación es mortal, y los plantíos de hongos también tienen un rango de humedad óptimo. En las hormigas, al ser animales ectotermos, la temperatura corporal se regula de acuerdo con la temperatura ambiental. 4 Ellas evitan ambientes con temperaturas extremas; particularmente las larvas son muy sensibles. La gran mayoría encuentra confortable una temperatura dentro del hormiguero en un rango entre 25 y 30 grados centígrados; las hormigas son capaces de mantener esas temperaturas cuando afuera del hormiguero el calor es agobiante o el frio es duro. El vivir bajo tierra ayuda, pero no es suficiente y por eso han desarrollado ingeniosas estrategias.

Obrera nodriza transportando una larva hacia otra cámara de cría.5

Una solución es tener cámaras a distintas profundidades (o sea a distintas temperaturas) para poder mover las larvas y los cultivos cuando es necesario. Como

esto resulta muy trabajoso, es para casos extremos. Lo más efectivo es el sistema de ventilación que construyen con ductos estratégicamente orientados para mantener una temperatura y humedad adecuadas permitiendo entrar aire fresco y oxigenado del exterior, dejando salir el caliente y contaminado. Este sistema de circulación pasiva de gases es tan efectivo que no requiere ventiladores como nuestros aparatos de aire acondicionado. El “calor metabólico” ayuda para combatir el frio, pero no es suficiente. En emergencias de frio intenso pueden utilizar el calor que se genera en los basureros, esas cámaras donde se acumulan los residuos del hormiguero que al fermentar por la acción de unas bacterias generan calor. Estas cámaras a veces están ubicadas bastante profundas y el sistema de ductos está diseñado para que funcionen como calefactores. El control del clima interno es uno de los factores determinantes del diseño del nido. 6 En unas cámaras de cría vi los muros como empapelados. Se trata de otra forma inventada por unas ingeniosas hormigas para controlar la humedad que si se eleva demasiado pondría a las indefensas larvas con su débil cutícula en un riesgo alto de ser afectadas por infecciones bacterianas o fúngicas. Para empapelar esas paredes y combatir la humedad las obreras usan los capullos que quedan cuando de las pupas emergen las hormigas adultas. La enorme huerta está dividida en varios compartimentos con plantíos de hongos en diversos estados de desarrollo. Al final había uno donde ya se observan esas hifas hinchadas llamadas gongilidios, que las obreras cosechaban para alimentar a sus larvas y a su reina. Esos gongilidios proporcionan las proteínas que son requeridas para el crecimiento de las larvas y para mantener a la reina poniendo huevos permanentemente. Las obreras recolectoras los ingieren y los transportan a otras cámaras. Voy detrás de ellas. Como lo sospeché, entré en una cámara de cría, un ambiente muy especial. En camas bien ordenadas cientos de larvas esperaban impacientes a sus nodrizas. No tienen ojos ni extremidades, pero se las notas inquietas; seguramente están emitiendo feromonas “de hambre”. Recién se calman cuando las nodrizas las antenean y regurgitan en sus bocas rudimentarias. Es la llamada trofalaxis; el

vómito es el alimento. Cientos de nodrizas van y vienen de las huertas y no dejan larvas sin alimentar. Es una tarea de nunca acabar. Las larvas son voraces; no pasa mucho tiempo de ser alimentadas que ya están pidiendo comida nuevamente.

Camara de cría: obreras nodrizas cuidando a sus larvas.7

De repente observé que había una hormiga inmóvil, con las patas encogidas debajo de su cuerpo. Las nodrizas también la habían detectado con sus antenas. Tamborilearon en su cuerpo, pero no lograron que se moviera. Una cierta confusión inicial entre las nodrizas se disipó cuando llegó una que pareció hacerse cargo. Parecía una obrera vieja, algo más grande. Seguramente confirmó lo que las otras ya habían sospechado al percibir un aroma a muerte. Fue Edward Wilson quien propuso que los cadáveres de las hormigas emitían alguna señal química con el mensaje “estoy muerta”. Descubrió que era el ácido oleico. La señal química es tan intensa que cuando Wilson salpicó con ese ácido a una hormiga viva, sus propias compañeras la atraparon con sus mandíbulas y la llevaron al cementerio a pesar de que se movía. Este comportamiento se llama necroforesis. Continué observando a las obreras que aparentemente confirmaron el fallecimiento y comenzaron los trámites funerarios. Todo tiene que ser muy rápido; la muerte puede ser causada por alguna infección y hay que eliminar cualquier peligro de plaga en forma inmediata. La obrera vieja la cargo en su tórax y partió rumbo al cementerio. Todo indica que esas obreras viejas saben cómo manejar la situación. Quiero creer que se les asigna ese trabajo por su experiencia y por su probada resistencia a las infecciones, y no por ser ancianas que ya no pueden hacerse cargo de otras tareas más que de sepultureras. Además, ya adultas mayores, les quedaría poco tiempo de vida.8

Seguí mi aventura subterránea avanzando por tortuosas y lóbregas galerías que se ramificaban y a veces hasta se entrecruzaban desorientándome a pesar de que me alumbraba con mi cámara. El diseño del hormiguero, que seguramente tiene sentido para las hormigas, para mí era un laberinto. Las obreras, sin embargo, se movían de prisa y sin dudarlo en esa oscuridad pues conocen muy bien los caminos. Se guían por señales de tránsito aromáticas. De repente me extrañé por una especie de embotellamiento causado por un derrumbe en una galería. Ya estaba siendo solucionado por un equipo de obreras constructoras que con sus mandíbulas acomodaban las partículas de suelo abriendo nuevamente el ducto, que luego tapizaban con unas secreciones para darle solidez. Trabajaron rápido; así como llegaron, se retiraron quizás para construir una nueva galería. Sin saber bien como llegué, me encontré en una cámara bastante grande llena de semillas. Es un granero. Las semillas son apreciadas por varias especies de hormigas, que son omnívoras, devoran casi todo lo que encuentran. En el granero también se mantiene una atmosfera estable para evitar que las semillas comiencen a germinar o se pudran. Deambulando pasé frente a la entrada de una cámara que despedía un aroma especial, no muy agradable. Era una letrina. Junto a los basureros y el cementerio, son esenciales para mantener la higiene en un hormiguero de miles de habitantes. Las heces a veces se aprovechan para fertilizar los huertos de hongos; con tantos habitantes, el volumen es abundante. También existe la posibilidad de que estas letrinas tengan otra función importante; serían el lugar para que las hormigas recién nacidas, y quizás algunas esclavas, vayan a adquirir el olor que identifica a la colonia. Ese aroma es el pasaporte para entrar y salir del hormiguero. 9 En mi exploración me doy cuenta de que los hormigueros son ciudades muy limpias. El cuidado de las condiciones sanitarias es clave para la comunidad; en esto las hormigas son extremadamente cuidadosas. Los desperdicios, y como lo comprobé, hasta los cadáveres, son llevados a cámaras especiales para evitar la contaminación. Un hormiguero puede tener varios basureros; algunos están en las profundidades sirviendo de calefactores, otros se ubican en los bordes de la colonia, en cámaras alejadas de las de cría y de la reina. Otras veces los residuos

son acumulados afuera del hormiguero; se trata de que los procesos de descomposición no amenacen la salud de la colonia. Incluso, una vez desechados, las hormigas evitan acercarse a ellos por el riesgo de infecciones. Campesinos indígenas han aprendido a aprovecharlos como repelentes de hormigas; los juntan y esparcen alrededor de las plantas que quieren proteger. Bruno, mi amigo quintero, no conocía esa estratagema. Como a 40 centímetros de profundidad entré en un túnel horizontal de sección elíptica y claramente más ancho que los anteriores; decidí seguirlo, se continuaba por decenas de metros. De repente se elevó y salió a la superficie bastante lejos del montículo con la entrada principal. Esos conductos de salidas secundarias eran las que de niños tapábamos con barro para que no escapara el gas letal cuando se usaba la máquina de fuelle. Al salir encontré un sendero bien marcado entre la vegetación, una verdadera autopista que se dirigía a una zona de forrajeo.

Camino de hormigas

El sendero legaba a una planta de tomate por la cual las obreras subían vacías y bajaban con carga. Se notaba que la construcción del sendero era reciente y unas obreras viales aún permanecían en el limpiándolo, eliminando toda vegetación invasora, ramitas o pequeñas piedras que pudieran obstruir el paso rápido de las recolectoras.

“Vemos desgastadas las piedras que hay en su camino, y senderos abiertos por su trabajo. Que nadie dude, pues, del poder que en cualquier asunto tiene la constancia por pequeña que sea.” Plinio (siglo I) en su Historia Natural, comentando sobre la prolijidad de los senderos de hormigas.

Unos investigadores curiosos midieron que la velocidad de las cargadoras era hasta 10 veces mayor en un sendero bien despejado. La inversión en construirlo y mantenerlo se justifica plenamente. 10 Luego vi que del montículo principal salían varias de esas rutas troncales en distintas direcciones. Regresé pues mi interés era llegar hasta la cámara más importante, la cámara real. No me fue fácil encontrarla. Lo logré después de deambular por oscuros corredores. Allí inmóvil estaba la enorme reina con su abdomen abultado, contrayéndose y relajándose siempre a un ritmo pausado y constante, haciendo lo único que tiene que hacer además de dormir: poner huevos. Su tamaño es mucho mayor que el de obreras que la rodeaban, algunas alimentándola con sus regurgitadas, otras asistentas haciéndole la higiene, y otras sacando los huevos y transportándolos a las cámaras de cría. La reina permanece la mayor parte de su vida en esa cámara. Conoció la luz solo una vez, durante el vuelo nupcial; desde entonces ha permanecido enterrada en su habitáculo bien climatizado y protegida por una guardia real de obreras soldados.

Huéspedes bienvenidos y de los otros En mi exploración al hormiguero encontré otras criaturas que lo visitan con frecuencia buscando alimento o refugio. Los microrganismos de los basureros son ya parte del ecosistema y cumplen una importante función descomponiendo los residuos. Están los hongos parásitos en los huertos y los actinomicetos en el cuerpo de las hormigas para controlarlos. Muchas especies de artrópodos viven

con las hormigas y han desarrollado diferentes tipos de relaciones, algunas benéficas para las hormigas. A estas visitantes se les llama especies mirmecófilas y han hecho del hormiguero su hogar, disfrutando de todas las comodidades. Advenedizas, a veces se extralimitan llegando a comerse las larvas de las hormigas, aunque estas los tratan con hospitalidad llegando hasta alimentarlos y cuidar sus larvas como si fueran propias. Hay escarabajos en las cámaras donde se almacenan alimentos, en los basureros y hasta en las propias cámaras de cría. Han descubierto una forma muy ingeniosa para pasar desapercibidos y hasta ser aceptados como huéspedes; producen feromonas que engañan a las hormigas. Hay una que es única, una imitación de las feromonas que producen las larvas de las hormigas cuando piden alimentos. Las inocentes obreras nodrizas los alimentan Es el caso de las larvas de los escarabajos Atemeles y Lomechusa que viven en los hormigueros de Formica polyctena. Es curioso; cuando se colocan larvas del escarabajo en la entrada del hormiguero las hormigas las entran al hormiguero y las adoptan. Si esas larvas están cubiertas para impedir que secreten la señal química, las hormigas las ignoran o las llevan al basurero. Se han encontrado arañas haciéndose pasar por hormigas, perfumadas con sus feromonas para pasar desapercibidas. El cuerpo de la araña saltadora (Myrmarachne formicaria) se parece al de una hormiga, vive dentro de los hormigueros y si fuese reconocida como intrusa sería eliminada. Se salva porque es una actriz digna de un Oscar levantando sus patas delanteras para que parezcan antenas y caminando en zigzag como las hormigas. Encontró en el hormiguero un excelente refugio; afuera podría ser atacada por avispas, pájaros y otras arañas que jamás se atreverían a entrar en el hormiguero. Además, soluciona el problema de alimentación pues come hormigas.11 Existe otro visitante frecuente en los hormigueros del cual no hemos hablado, las serpientes. No podemos ignorarlas porque además algunas nos pueden hacer daño si las molestamos

Incubadoras naturales Las serpientes han sido veneradas y temidas por igual. Tienen mala fama desde la Biblia; representaban a Satanás y fueron condenadas a pasar la vida arrastrándose por tentar a Adán y Eva. Los ofidios pueden ser ovíparos (ponen huevos) o vivíparos (el embrión se desarrolla en el interior de la hembra). En general no son buenas madres; solo algunas retienen los huevos hasta que las crías están totalmente desarrolladas como para vivir de una manera independiente. Es el caso de las yararás. Otras simplemente buscan un lugar adecuado y seguro para desovar y allí dejan sus huevos para que se incuben solos. Así proceden las parejeras o ratoneras. En esa búsqueda de lugares adecuados para desovar encontraron a los hormigueros. Sin duda el huevo es el estadio más vulnerable en todo su ciclo de vida y estas serpientes han logrado que se los cuiden las hormigas. Como lo comentamos, en el interior del hormiguero la temperatura está muy controlada y la humedad es alta y estable. Esto, que es importante para las hormigas, resulta ideal para estas serpientes que buscan librarse del trabajo de incubar. Allí los huevos no solo están a resguardo de eventuales depredadores, sino que también se mantienen en una atmosfera casi sin fluctuaciones, ideal para la incubación. Uno pensaría que las hormigas se los comerían no bien la madre se retira. No sucede así; sorpresivamente, las hormigas obreras se comportan como verdaderas nodrizas; antenean los huevos y los mantienen limpios; los tratan como propios. Esta estrategia de incubación se conoce como “inquilinismo incubatorio”.12 Quizás lo vengan haciendo desde el Cretácico así que esta estratagema les funciona bien. Se desconoce aún porqué las hormigas no se alteran por la presencia de los huevos de serpiente en sus hormigueros cuando a veces trituran las cáscaras ya vacías y las llevan al basurero. Los reptiles ovíparos al nacer poseen en el labio superior un pequeño diente muy afilado conocido como “diente de eclosión”. Con él rompen la cáscara del huevo para poder sacar la cabeza cubierta por líquido amniótico. Algunos investigadores sospechan que el líquido amniótico es muy viscoso y no permite que lo pasen las mandíbulas de las hormigas. Otros proponen que posee propiedades repelentes que evitan que las hormigas se coman a los recién nacidos.

Hay quienes opinan que esas sustancias no son repelentes sino feromonas que le dicen a las hormigas “no me comas pues soy parte de la familia”. De cualquier manera, la recién nacida serpiente queda desprotegida luego de salir del huevo y necesita abandonar rápidamente el hormiguero. Muchas veces a pesar de estar mojada con líquido amniótico es vorazmente atacada. No pueden confiarse. Una de las culebras que frecuenta los hormigueros para desovar es Philodryas patagoniensis, la culebra conocida como parejera o ratonera. Llega a medir metro y medio y pone entre 10 y 30 huevos. Se ha visto que come hormigas, pero prefiere lagartijas, ranas, pichones de aves y, honrando su nombre, también ratones. Incluso puede atrapar otras culebras y hasta las de su misma especie. Otra que desova en los hormigueros es Micrurus altirostris conocida como víbora de coral. No le apetecen las hormigas; se alimenta de lagartijas y otros ofidios. Deposita hasta siete huevos blancos y alargados. Con su casi un metro de longitud, causa bastante revuelo dentro del hormiguero, pero las hormigas no atacan a la hembra ni a los huevos, aunque si a las crías recién nacidas, las cuales deben salir rápido si quieren sobrevivir. Leptotyphlops dulcis es otra que vive en el suelo y frecuenta los hormigueros. Es ciega y sale poco a la superficie, generalmente a la noche después de una lluvia. Se alimenta de insectos pequeños y de arañas, aunque las hormigas son su plato preferido. Esta víbora es otra de las que libera feromonas que engañan a las obreras soldados haciéndoles creer que es una de las suyas. De esta forma la serpiente puede alimentarse tranquilamente. Tengo cierta aversión por las serpientes; por suerte no encontré ninguna en mi exploración por el hormiguero.

¿Usan escuadras y brújulas las hormigas para construir sus hormigueros? Simone Majoli (o Simon Maiolus) (1520–1597), obispo y humanista italiano, escribió una interesante obra de historia natural que tituló "Dies caniculares” (Días de Perros). En esa obra encontramos una de las primeras descripciones detalladas de un nido de hormigas. Esta es una traducción al español por José María Gómez Durán. Majoli también dibujó el esquema del hormiguero donde se pueden

apreciar los cuatro puntos cardinales con los nombres de sus dioses griegos y romanos.

Dice Majoli: “Voy a contar lo que yo mismo he observado sobre este tema. Un día de julio me levanté temprano para dar un paseo por las afueras de un pueblo de la región de Apulia llamado San Bartolomé. En el camino encontré un trozo de madera cuadrada de ocho pies de largo bajo el cual había un nido de hormigas. Con el fin de contemplar sus pequeños habitáculos, pedí a mis sirvientes que levantaran suavemente la madera, de tal forma que no se causara ningún destrozo ni alteración a lo que hubiere debajo. Al retirar la madera apareció un hormiguero cuadrangular de barro, de unos cuatro pies de largo y algo más de un pie de ancho, en el que observamos a las hormigas yendo y viniendo de acá para allá por galerías o pasadizos, cual si fueran habitantes de una ciudad. Era cosa admirable ver el trazado rectilíneo de lados y ángulos, y las dimensiones constantes de longitudes y anchuras, como si en su construcción se hubieran empleado la regla y el compás de un arquitecto. Había un pasadizo muy recto, de un dedo de anchura y profundidad, que recorría de lado a lado el hormiguero. Dicho pasadizo estaba atravesado por otros tres de similar anchura y profundidad, equidistantes entre sí, que generaban tres intersecciones. En los extremos cerrados de dichos pasadizos estaban amontonados los huevos de las hormigas. Las cavidades de la otra parte del hormiguero estaban tan repletas de granos, que rebosaban sobre las galerías.

La limpieza de todos estos caminos era maravillosa. No había ni una pequeña piedra, ni polvo, ni paja, ni líquido alguno. En definitiva, todo lo que vimos debiera considerarse una verdadera Ciudad en la que existe una loable vigilancia, una particular necesidad de conservar bien la descendencia, la economía y los edificios, en la que cada ciudadano trabaja siempre por el bien público, ya en el campo, ya encerrados en beneficio colectivo y, en fin, donde cada cual cuida de la salud de todos los habitantes. Solo había una entrada orientada al Céfiro, pues estos pequeños animales, según pienso, creen que no debe orientarse al Aquilón, al Euro o al viento del mediodía. Estábamos todos confundidos y asombrados de que tan extraordinario trabajo lo llevaran a cabo las hormigas en la oscuridad, y de que hubieran determinado la conveniencia de construir su ciudad en el llano del país en vez de en lugares escarpados, donde no habría sido posible hacerlo tan bien.”

1

Crédito de imagen: https://es.wikibooks.org/wiki/Wikichicos/La_hormiga/El_hormiguero

2

Crédito de imagen: Piotr Naskrecki - Minden Pictures. En: https://www.nytimes.com/2017/04/11/science/antfungus-farmers-evolution.html 3

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5

Crédito de imagen: Hugo Darras. En: https://antark.net/ant-life/ant-life-cycle/ant-larvae/

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Crédito de imagen: Antje Schulte (Ant Life)/Alamy. En: http://www.bbc.com/earth/story/20170405-baby-antshave-a-host-of-unexpected-superpowers 8

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